Resistencia o integración

Entre una democracia social y la democracia de los focus groups

Ya empiezan a surgir con claridad las características gorilas de la propuesta macrista como herramienta de dominación colonial.

La infantil mística renovadora esbozada en la campaña electoral mezcla de Osho del subdesarrollo e Isidorito Cañones a quedado hecha jirones en sólo algunos meses de gestión. La brutal transferencia de recursos de los sectores más desposeídos a los sectores empresariales y corporaciones oligárquicas, deja claro las características reales de esta democracia para ricos.
Ante esto el peronismo tiene el dilema de cómo implementar la oposición a semejante regresión. O se posiciona como alternancia “progresista, popular y nacional” de una democracia liberal o se plantea la impugnación de la misma como herramienta de dominación colonial abriendo el debate sobre la necesidad de construir una nueva forma de representación ciudadana que provoque el crecimiento de la cultura social de la comunidad, herramienta fundamental de la liberación.

Claro que esta impugnación al sistema de democracia colonial debe diferenciar las formas de la acción política que tienen su base e inspiración en las concepciones filosóficas sobre el hombre, las instituciones ciudadanas el Gobierno y el Estado. Eso nos lleva una vez más a analizar el pensamiento peronista y bucear en su doctrina e historia los antecedentes de estas caracterizaciones.
El liberalismo impone su visión de hombre aislado de la acción social que deja la creatividad y administración de las transformaciones sociales en manos de “profesionales”. La política está restringida a una élite y a nivel comunitario se reduce a sus aspectos electoralistas y cualquier proyección social de la actividad ciudadana fuera de esos carriles es derivada por canales que acentúan el sentido de la caridad más que de la solidaridad social.
Según la visión liberal la libertad e igualdad está garantizada por la libre elección del ciudadano de los responsables de la acción política (democracia representativa) y con el amparo de leyes estipuladas en una Constitución.
Sin embargo esta supuesta libertad jurídica nunca pudo resolver los problemas de injusticia social y con el correr del tiempo el sistema demo-liberal se transformó en una limitación de las potencialidades culturales que permitirían a los pueblos un crecimiento social y una participación sobre los aspectos políticos más directa. Este freno a la maduración colectiva de la comunidad impide generar un poder político lo suficientemente fuerte como para lograr el desarrollo cultural y económico que revirtiera la situación colonial.
Las nuevas formas de dominación colonial tienen el eje fundamental en mantener una forma participativa que impida que las nuevas potencialidades culturales de los ciudadanos -producto de una extraordinaria expansión de las comunicaciones y multiplicación de la interacción de las redes sociales- encuentre un cauce social para madurar una conciencia social que genere un poder político poderoso y sustentable.

El ciudadano

La concepción revolucionaria del peronismo incluye una nueva forma de gobierno donde el pueblo puede –y debe tener si quiere liberarse- una participación activa y creativa.

Hoy el ciudadano debe exigir una relación con la dirigencia política y gobierno que lo incorpore como participe activo de la creación de la acción transformadora del gobierno. Eso exige que las dirigencias abandonen su actitud elitista de presentarse como exclusivos artífices del destino común.

“…Los trabajadores, columna vertebral del proceso, están organizándose para que su participación trascienda largamente de la discusión de salarios y condiciones de trabajo. El país necesita que los trabajadores, como grupo social, definan cuál es la sociedad a la cual aspiran, de la misma manera que los demás grupos políticos y sociales. Ello exige capacitación intensa y requiere también que la idea constituya la materia prima que supere a todos los demás instrumentos de lucha…”

Juan Perón, El Modelo Argentino

Lo primero es comprender una nueva forma de hacer política, debe quedar claro que hay una política de corte electoralista que sirve para la elección de los cuadros de conducción del Estado -esta es la única política como se acepta hoy: una lucha de círculos de intereses para acceder al poder- , pero existe otra construcción política que es la fundamental y que se da en la nueva relación que debe articularse entre el gobierno y su pueblo. Una construcción política que reside en buscar la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación. Esta construcción política nacional, programática y popular es la permanente y la que provocará la maduración colectiva de la comunidad.

Es necesario aclarar que esto no se contrapone con la política electoralista, ya que el peronismo asume como base fundamental de la democracia el voto soberano de la ciudadanía. Simplemente acota esa participación a los períodos elecccionarios y rompe con la exclusividad de la creación transformadora de los Gobiernos en manos de Ceos aislados de la Comunidad.

“…La política peronista es: nacional, popular y programática.
“La política debe estar al servicio de la Nación y no la Nación al servicio de la política.”
“Cuando la política interna de los países, en vez de servir para la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación, se desvía hacia el servicio de una clase dirigente, mediante la explotación del Pueblo, de su miseria o de su desgracia, la política interna está en manos de malvados”.
Nada repugna mas al peronismo que la denominada “política de círculos”, por la cual un grupo privilegiado y cerrado de personas se abrogan la facultad de decidir, por sí y ante sí, los destinos del pueblo.
Esa pequeña y mezquina política se basa en combinaciones , maniobras y deseos de reducidos grupos que, mediante la formación de “trenzas” pretenden sustituir la expresión libre y directa de la voluntad popular.
La acción política no se reduce a la lucha por la conquista del poder; su centro de gravedad reside más bien en el ejercicio del poder.
Allí es donde una verdadera política -gobierno de la comunidad ordenado al bien común de ésta- engendra y origina una serie de políticas que en cada sector de la vida comunitaria procuran ese bien: política económica, política social, política cultural, política sanitaria, política financiera etc.

Juan Perón, Política Peronista

Las dirigencia que se proponga una nueva forma de democracia, debe convocar a un trabajo en común con el pueblo. A articular formas de representación que permitan construir esta nueva forma de hacer política desarrollando lo que el Gral. Perón denominaba una filosofía de conducción. Es ahí donde el peronismo puede dar rienda suelta a sus concepciones de organización popular.

“…El gobierno popular es el que surge del pueblo. Y esto solamente puede alcanzarse a través de una organización popular que imponga el gobierno y que imponga al gobierno que es lo que tiene que hacer. Esa es la democracia como la entiendo yo; y no una democracia falsificada, como la que vemos en todas partes..”

Juan Perón

La necesidad de articular una unidad conceptual aparece como primer y fundamental paso para el nuevo ordenamiento ciudadano. Los dirigentes deben transparentar los principios conque articulan la acción de gobierno, ya que ante la diversificación de la problemática sociopolítica y el aceleramiento de los acontecimientos del mundo actual, se necesitan respuestas rápidas y decididas que impiden la articulación de la permanente consulta ciudadana. Transparentando la unidad conceptual la ciudadanía puede sentirse parte de la acción de gobierno porque hay principios que unen a la comunidad y su dirigencia en una forma común de “ver” la realidad y una tabla de valores en común para resolver las conflictividades cotidianas.

Se debe profundizar la comunicación entre la acción del Estado y el pueblo. El poder ejecutivo debe comunicar sus actos y planes de gobierno porque para el peronismo la acción política no es el resultado de un grupo de Ceos especializados sino que es la resultante de una acción social, comunitaria que resuelven los mejores del conjunto.

“…La configuración política de esta comunidad organizada implica la creación de un sistema de instituciones políticas y sociales que garanticen la presencia del pueblo en la elaboración de las decisiones y en el cumplimiento de las mismas…”

Juan Perón, El Modelo Argentino

Otro elemento importante es la planificación de la acción de gobierno. La acción del estado debe incorporar a las organizaciones libres del pueblo para que unidos al gobierno y munidos de una unidad conceptual, puedan darse al trabajo de elaborar las acciones para generar el desarrollo necesario para sacarnos de la situación colonial. Una vez lograda la planificación y lanzado el Plan el ciudadano podría llevar a cabo la acción de supervisión y control de los objetivos propuestos.

La maduración social solo es posible logrando una participación responsable del ciudadano acompañando la acción transformadora del gobierno. El peronismo desarrolló sus herramientas doctrinarias para permitir esta toma de compromiso ciudadano e incentivó la participación de las organizaciones populares en la creación de los planes de gobierno. El ejemplo más concreto fué la convocatoria popular a la planificación del Segundo Plan Quinquenal que generó una masiva participación a través de miles de propuestas (todavía se conservan hoy mas de 20.000 cartas y documentos de las distintas organizaciones sociales de la época). También la convocatoria permanente a desarrollar los Consejos económicos sociales y los Consejos Para el Proyecto Nacional del Modelo Argentino. Sin maduración social las comunidades serán avasalladas por las herramientas de dominación colonialista que instrumentarán el caos y la desunión aumentando artificialmente el enfrentamiento de los distintos sectores que la componen.
Este proceso madurativo de la ciudadanía y sus instituciones deberían afrontar un proceso de síntesis que iría limando los intereses contradictorios, particulares y profesionales, armonizándolos detrás de un interés nacional, generando grados de solidaridades crecientes: social, nacional y continental.

“… El Pueblo socialmente consciente de su propio valer es el único capaz de hacer su historia; de agruparse de una cierta forma, siguiendo a un tipo de organización que persiste mientras lo quieren los miembros que la integran…”
“…La Revolución Peronista cambia el rumbo de la evolución social de la comunidad argentina e inicia la marcha hacia la formación de la Comunidad Organizada a través de la conquista sucesiva de cuatro etapas: Cultura social; Conciencia social; solidaridad social; Unidad Nacional…”

Juan Perón, Sociología Peronista


La participación acotada, liberal y colonial provoca el proceso inverso: la indiferencia individualista aumenta el conflicto y diversifica el esfuerzo. En ese marco el Estado se mantiene ausente y a la deriva, presa de la claridad de acción de los verdaderos intereses corporativos que detrás del interés el lucro y la explotación, guardan una impecable coherencia y especialización de sus cuadros dirigentes y núcleos de poder económicos políticos y culturales.

La consecuencia de la política liberal es la promoción del “hombre niño” base social de una masa desinformada y políticamente inculta a merced de la manipulación mediática cómplice de los intereses corporativos mundiales.

“…la desaprensiva – o interesada – utilización de los medios de comunicación masivos como eficaces factores del vasallaje cultural. Me parece evidente que la indebida utilización de tales mecanismos de difusión cultural enferman espiritualmente al hombre, haciéndolo víctima de una patología compleja que va mucho más allá de la dolencia física o psíquica. Este uso vicioso de los medios de comunicación masivos implica instrumentar la imagen del placer para excitar el ansia de tener. Así la técnica de difusión absorbe todos los sentidos del hombre, a través de una mecánica de penetración y la consecuente mecánica repetitiva, que diluyen su capacidad crítica.
En la medida en que los valores se vierten hacia lo sensorial, el hombre deja de madurar y se cristaliza en lo que podemos llamar un “hombre-niño”, que nunca colma su apetencia. Vive atiborrado de falsas expectativas que lo conducen a la frustración, al inconformismo y la agresividad insensata. Pierde progresivamente su autenticidad, porque oscurece o anula su capacidad creativa para convertirse en pasivo fetichista del consumo, en agente y destinatario de una subcultura de valores triviales y verdades aparentes…”

Juan Perón, El Modelo Argentino
Para poder ordenar semejante diversidad y potencialidad participativa sin caer en el caos asambleario, el peronismo desarrolló una doctrina que sintetiza en principios comunes el esfuerzo colectivo, y que sirve como lecho conceptual para el enorme caudal transformador del pueblo.

“La Doctrina no es una regla fija para nadie. Es en cambio, una gran orientación con principios que no se cumplen siempre de la misma manera. No está atado a nada fijo, pero sí se tiene la orientación espiritual para resolverse, en todas ocasiones, dentro de una misma dirección, y en un inmenso campo de acción para la ejecución”.
“…El punto de partida de toda organización consiste en organizar a los hombres espiritualmente: que todos los hombres comiencen a pensar y a sentir de una manera similar, para asegurar una unidad de concepción que es el origen de la unidad de acción…”

Juan Perón, Conducción Política

La participación de la acción ejecutiva del gobierno debe articularse en forma de principios doctrinarios porque la complejidad de los procesos institucionales irán en un proceso de aceleramiento y diversificación que solo puede enfrentarse detrás de una unidad conceptual. La especialización de las acciones políticas se darán necesariamente a través de las instituciones sociales en una acción creativa junto al Estado y en los ámbitos de inserción en la comunidad.

Por ejemplo una definición de una política de producción industrial metalúrgica debería surgir de la interacción de todos los sectores que poseen intereses en esa actividad. Trabajadores, empresarios, y cualquier gremio vinculado. Esta especialización no puede descansar solamente sobre el Estado. La inclusión de los gremios debería provocar una maduración social colectiva que iría generando una especialización política que según Perón elaboraría una doctrina propia. Es decir un especialización de principios que si bien descansan sobre los principios doctrinarios comunes, podrían enriquecerse con aspectos característicos de la actividad específica.

También el rango de conflictividad social cambiaría ya que todos los gremios participantes irían desarrollando lo que Perón denominaba “una solidaridad nacional” que le brindarían una perspectiva totalmente distinta a la del la funcionalidad institucional liberal, que los circunscribía a la defensa de sus intereses profesionales en desmedro muchas veces de una política nacional.

También de esa manera se puede retomar el sentido solidario que es el que brinda una mística correcta a las organizaciones sociales. Los gremios no pelean por la defensa de sus derechos, sino que su lucha debe incluir sus intereses en armonía con los intereses de la Nación en su conjunto. De esa manera se rompe el aislacionismo individualista que es otra de las características funcionales de la institucionalidad liberal.
La unidad en los conceptos creativos de un proceso de autodeterminación no puede cerrarse detrás de descripciones coyunturales o apreciaciones esquemáticas. Siempre los aspectos teóricos son de carácter transitorio y abiertos. Lo que une orgánicamente no es la ideología, sino lo doctrinario, los principios generales. Lo importante es la direccionalidad del proceso anticolonialista y que la enorme diversidad de criterios respeten un núcleo de pertenencia común que es la unidad conceptual doctrinaria y su consecuencia política: el Movimiento Nacional.

No es posible reunir semejante diversidad en un continente teórico o ideológico. Por eso el peronismo es una fe. Una fe en que los principios doctrinarios son la garantía que genera la unidad del proceso creativo comunitario. Poder tolerar esa diversidad y dinámica en la acción –conducir el desorden, decía Perón- es la garantía de triunfo del movimiento.

Las instituciones

Desarrollar una lucha política en el plano de la institucionalidad liberal sin tener definido desde el peronismo un nuevo concepto de ciudadano, una nueva forma de participación y por consecuencia un nuevo concepto de autoridad y de nueva institucionalidad, deja indemne a las organizaciones populares al contagio de la filosofía liberal que actúa disolviendo su mística transformadora.
La realidad demuestra que el campo de batalla para poner en marcha una nueva forma de representación ciudadana se da en el marco de las antiguas instituciones liberales que deberían ser simplemente una plataforma de lanzamiento de las nuevas formas ciudadanas autodeterminantes.
Claro que para ello hay que vencer la funcionalidad colonial de las mismas para impedir el efecto retardatario del liberalismo que tiende a circunscribir a las organizaciones sociales exclusivamente a la defensa de sus intereses sectoriales y a las organizaciones políticas a la simple lucha por el acceso al poder. Una especie de sofisticación del “hombre como lobo del hombre” a las “instituciones como lobos de otras instituciones”. El clásico todos contra todos del liberalismo.


Además de esto el crecimiento de los organismos sociales tendrán una limitación en su crecimiento ya que si el tabicamiento del ciudadano lo lleva al “hombre niño”. La asignación de la defensa de los intereses profesionales transforma a las organizaciones sociales en “organismos bobos” impidiendo su maduración institucional en el seno de una comunidad que vaya elevando su cultura social.
Sólo aquellas instituciones que se incluyan en la discusión de políticas nacionales que les permitan armonizar sus intereses con los intereses de la nación podrán vencer el espíritu del individualismo y ponerse en marcha en la construcción de un destino común.
Esto suma además la recuperación del sentido solidario como motor único de la organización social, ya que solo en la defensa de una política nacional podemos asociar nuestro esfuerzo sectorial a la defensa de los sectores más desposeídos de nuestra comunidad.


Por otro lado la discusión de políticas sectoriales pone un techo al esfuerzo analítico y de debate impidiendo la sofisticación y maduración permanente del entramado dirigencial.
Esta complejización del debate y la multiplicación del entramado institucional sobre el que se sostiene la creatividad de las políticas de una nación permitirá la maduración colectiva de la comunidad, dirigentes e instituciones.

“… Si allí finalizara nuestro propósito no iríamos más allá de un lineamiento teórico y normativo de carácter general que no contemplaría la creciente complejidad de una comunidad orgánicamente constituida. Quiere decir que, tal conjunto de verdades, adquiere una fisonomía específica y diferente en los distintos ámbitos de la vida nacional, así como una proyección igualmente específica..”

Juan Perón, El Modelo Argentino

Sólo de esa forma se accederá a un crecimiento de la solidaridades sociales, alcanzando la unidad nacional y preparándonos para los nuevos procesos de solidaridades continentales.
Poder “ver” esta realidad permitirá el posicionamiento correcto del esfuerzo militante. Organizar al pueblo es despertar su subconciente cultural que descansa en las tres banderas de justicia social, independencia económica y soberanía política y transformarlo en poder político. Para ello debe predicarse el nuevo concepto de ciudadano y vencer el sentido liberal de las instituciones actuales, estimulando el desarrollo de una política Nacional que nos libere.

Sin la impugnación de la institucionalidad liberal el movimiento licúa su mística solidaria burocratizando los intentos organizativos y generando desviacionismos orgánicos que históricamente han llevado a distorsiones políticas en nuestro movimiento atraídos por dos polos: la resistencia y la integración.

Los resistentes

Son grupos que sienten al peronismo como una verdadera revolución, pero que todavía no la pueden definir con claridad en sus objetivos y sus alternativas institucionales. Son los sectores menos insertados en el sistema. Especialmente las organizaciones sociales de territorio y de grupos juveniles. Se caracterizan por mantener un espíritu revolucionario y de transformación. Poseen un discurso de denuncia activa de los propósitos colonialistas y se caracterizan por una acción militante y altamente movilizada.

Sin embargo al no poder aplicar su esfuerzo a ejemplos concretos de instituciones populares tienden a un aislamiento social que genera una articulación cerrada sobre sí mismos y comienzan a ser influidos por el espíritu de la “orga” revolucionaria. La necesidad de sostener la mística interna ante el aislamiento los lleva a una denuncia y análisis coyuntural permanente que termina generando una acción vanguardista cada vez más alejada de la realidad.

Los integradores

Muchos sectores del movimiento logran desarrollar en la acción política el acceso a instituciones sociales y políticas: gremios, intendencias, gobernaciones, etc. Estos sectores que comparten la institucionalidad existente corren el peligro de ser absorbidos por la agenda y la filosofía de acción liberal. Para el sector gremial el colonialismo tiende a la defensa exclusiva de los intereses profesionales, para el sector partidario, los llevan a la lucha electoralista, y las organizaciones sociales serán meros complementos de acción de gobiernos, intendencias gobernaciones, etc. La falta de claridad respecto a la funcionalidad institucional revolucionaria peronista provoca que la acción militante pierda su mística y su acción política tienda a un discurso vacío de contenido sostenido por una visión dogmática del peronismo -sin aplicación práctica- La especialización de las organizaciones a la lucha electoral o a la defensa de intereses materiales exclusivamente, incentiva una política de círculos, promueve el caciquismo verticalista clásico de la lucha política liberal.
Para poder ir mitigando estas fuerzas disociadoras que se ciernen sobre el movimiento debemos doblegar la funcionalidad liberal poniendo las instituciones sociales al servicio de un proyecto nacional. Se debe poner en debate cual es la funcionalidad institucional de las organizaciones sociales y políticas para evitar la dispersión.
Claro que ahora fuera del gobierno esta acción no tendrá una aplicación práctica y demostrable, pero debe estar incorporada como un objetivos a lograr por el nuevo frente de liberación.
Doblegar la institucionalidad liberal nos obliga a generar una participación distinta donde gobierno, pueblo y organizaciones libres puedan ir juntos creando una política nacional. Rápidamente podremos apreciar la inexistencia de estos ámbitos. Esto nos muestra la dimensión del esfuerzo que necesitaremos para poner en marcha la nueva organización popular.
Seguramente las luchas políticas actuales serán dirimidas con una conducción gregaria (detrás de un liderazgo personal) y a ella apelaremos para enfrentar la agresión gorila. Sin embargo si queremos construir un frente de resistencia nacional sin caer en la mística liberal, debemos poner en debate los temas institucionales de las nuevas formas democráticas para definir un objetivo estratégico, un nuevo “deber ser” que acomode la fe de la militancia no solamente en la lucha por el poder, sino en la liberación de la nación.

No hacerlo provocará que la lucha se ordene nuevamente detrás de la lógica liberal y la construcción del poder sea la típica “política de círculos” de sectores de poder. Para decirlo en forma directa solo sobrevivirán los burócratas y los rosqueros.

“…El sentido de solidaridad existe, como ya se ha visto, en todas las comunidades, de ahí que se pueda hablar de solidaridad familiar, solidaridad sindical, solidaridad popular, etc. refiriéndose a la solidaridad existente en la familia, en el sindicato y en el Pueblo…”

“…Pero para lograr la Felicidad del Pueblo y la Grandeza de la Nación se requiere un mayor grado de solidaridad, de tal manera que abarque a toda la comunidad nacional. Este grado máximo de solidaridad hace posible consolidar la verdadera Unidad Nacional. Por eso el general Perón afirma “no hay unidad nacional sin una efectiva y permanente solidaridad de todos los hombres y mujeres que integran la comunidad..”

“…Para conseguir la Unidad Nacional, lo primero es pensar con sentido nacional, y luego actuar con sentido nacional”, es decir que en primer término se debe lograr una conciencia nacional para poder llegar después a una perfecta solidaridad nacional…”

“…La Unidad Nacional se obtiene, por consiguiente, mediante la “evolución progresiva y el afianzamiento de la colaboración y cooperación de todos para el bien común, no por la lucha estéril y destructiva…”

Juan Perón, Política Peronista

Tanto los factores resistentes como los integradores son consecuencias naturales de sus ámbitos de encuadramiento. Lo que genera un desarticulación es la falta de un objetivo que las englobe y les brinde un punto de convergencia en el futuro con una caracterización correcta de las nuevas funcionalidades institucionales. Eso permitirá estar luchando en un ámbito liberal pero sintiéndose parte de un movimiento que construye una realidad superadora.

Con los pies en el barro pero la mente y el corazón junto a los sueños de Perón, Evita y Néstor!

Digamos no a una democracia colonial!

Digamos sí a una nueva democracia integrada, popular, social y participativa.

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