El asesinato de José Ignacio Rucci

25 de setiembre de 1973

El asesinato de José Ignacio Rucci

Sólo dos días después de la votación que diera al Gral Perón la posibilidad de asumir su tercera presidencia, caería asesinado el líder metalúrgico José Ignacio Rucci.

Como un aporte a las nuevas generaciones que se están incorporando al Movimiento Nacional ofrecemos en su memoria, el análisis del proceso histórico en que se produjo este crimen.

Era una época signada por la violencia política sembrada por la dictadura militar tratando de forzar un enfrentamiento que terminara en una guerra civil entre los argentinos. Maniobra corporizada y estimulada por varios protagonistas de los acontecimiebntos históricos de la época y frustrada por el Gral Perón sobre el final de su vida.

Ofrecemos también un documental para reforzar el análisis histórico: La quinta pata. Crisis dirigenciales del peronismo: los montoneros.

El fracaso del trasvasamiento generacional

Perón asignó a las nuevas generaciones la responsabilidad de transformarse en los protagonistas de su retorno y le dio amplios espacios de poder.

Para ello había debido enfrentar las ambiciones de los sectores que desde la “derecha” del movimiento pugnaban por espacios propios y cargos en el nuevo gobierno.

Figura 1:
Acto de constitución del FREJULI en diciembre de 1972 en el hotel “Crillón”, de izq a derecha: Arturo Frondizi, Vicente Solano Lima, Héctor J. Cámpora, Juan Manuel Abal Medina, Salvador Busacca, Antonio Benitez, y Alejandro Díaz Bialet.

El líder había designado en puestos claves a Abal Medina y Rodolfo Galimberti. Respaldó la designación de Héctor J. Cámpora como candidato a presidente enfrentando la fuerte postulación de Antonio Cafiero por parte de la “ortodoxia” peronista.

Había liquidado la candidatura a gobernador de Manuel de Anchorena, produjo la defenestración de Coria y obligó a las “62” a aceptar la verticalidad detrás de los mandos tácticos.

La distribución de cargos electivos a los jóvenes peronistas constriñó a los gremialistas a sólo el 25% de los puestos. El remate fue el nombramiento en varias provincias fundamentales de gobernadores afines a las corrientes progresistas del peronismo y la designación de Atilio Lopez como vicegobernador de la Provincia de Córdoba.

Figura 2:
Perón saludando en una de sus últimas fotos en España.

Pero había mucho más. En una reunión realizada en Roma entre Perón y los dirigentes montoneros, el líder ofreció a la Juventud Peronista en reconocimiento al valor y heroicidad demostrado en la lucha contra la dictadura, el honor más grande en el Movimiento Peronista: hacerse cargo del sitial político de Eva Perón, La Fundación Eva Perón (algunas versiones agregan a esto el Ministerio de Bienestar Social de la Nación).

Los peronistas sabemos lo que esto representaba en términos de significación y poder. La Fundación por su funcionalidad era el lugar más revolucionario del peronismo, al ser el encargado de resolver los problemas de injusticia e indignidad social de los sectores que quedaban afuera del sistema legal y sin ninguna protección del Estado. Sólo desde lo ideológico podía resolverse esta situación sin caer en la antigua caridad oligárquica.

Figura 3:
Durante un acto de la campaña electoral de 1973 habla Rodolfo Galimberti representante de la juventud en el Consejo Superior. A su lado Cámpora y Alberto Brito Lima jefe del Comando de Organización.

La Fundación era la promotora de un acto de justicia revolucionaria que restauraba la dignidad de los sectores más abandonados de la comunidad. También significaba un lazo directo entre Perón y su Pueblo.

En la reunión, además, Perón plantearía la necesidad de lograr la reconversión de las “formaciones especiales” a la vida civil, acentuando que era un proceso que podía presentar algunas dificultades.

Sin embargo, la Cúpula montonera, representada en la reunión por Firmenich, Perdía y Quieto, respondería con un grado de soberbia brutal, rechazando el ofrecimiento y dando a Perón una lista de 300 nombres para los cargos fundamentales del nuevo gobierno.

Figura 4:
Mario Firmenich  junto a Rodolfo Galimberti.

El infantilismo de las dirigencias montoneras no era nuevo; renovaban la incomprensión política de otros dirigentes del peronismo que ante los giros coyunturales de Perón seguían de largo al no entender el sentido estratégico de su accionar.

Algo similar había pasado en la época de la resistencia con los cuadros políticos que, con enorme valor y coraje habían logrado los espacios políticos para el primer gran triunfo del peronismo en el exilio: la votación en blanco de las elecciones para constituyentes de 1957. Muchos de estos valientes militantes vieron el apoyo a Frondizi, no como una maniobra para romper el frente gorila sino como una especie de claudicación.

Figura 5:
Roberto Quieto.

Los jóvenes dirigentes habían salido a la superficie política en el momento del asalto final, cuando el movimiento había logrado, luego de doce años, cercar a la dictadura militar. Al encontrar al movimiento sin conducción táctica por las permanentes claudicaciones de sus dirigentes, se pusieron al frente de una enorme insurrección popular.

Sentirse al frente de un pueblo en plena rebelión les haría repetir el error de dirigencias anteriores. Como las multitudes de los actos del laborismo que confundieron a Cipriano Reyes o los millones de trabajadores de las tomas fabriles que confundieron a Timoteo Vandor, también los jóvenes supusieron que los miles de militantes que se movilizaban con ellos en los actos, les pertenecían, o que el enemigo se retiraba no ante la acción de cerco político luego de años de oposición peronista, sino ante la violencia ejercida por sus propias organizaciones armadas.

Figura 6:
Perón e Isabel en los últimos días en Madrid.

Ni la gente les pertenecía ni los espacios políticos donde avanzaban habían sido abiertos por sus acciones. Trágicamente se darían cuenta de esto mucho después, cuando según ellos había llegado el momento ideal para la acción, enfrentado a una feroz dictadura militar. Al mirar detrás comprobaron que el pueblo había vuelto a su casa a la espera de un nuevo jefe y que los espacios políticos se habían cerrado indefectiblemente, siendo derrotados rápidamente por las fuerzas represivas.

No sabemos que decepcionó más a Perón, si el rechazo displiciente al honor de dirigir la Fundación Eva Perón, o la audacia de pasarle una “factura” al presentarle la lista de 300 cargos, o los documentos internos de la unión de las organizaciones armadas FAR y Montoneros donde abiertamente hablaban que la conducción del proceso revolucionario pasaba por el Ejército Revolucionario, o sea: ellos.

Figura 7:
Galimberti. Alberto Brito Lima y Osinde, en los momentos previos al enfrentamiento suscitado en el acto de Ezeiza.

Pero sin duda la enorme expectativa que había depositado en el Trasvasamiento Generacional se transformaba en una nueva decepción. Todo su plan político se desmoronaba y debería corregirlo rápidamente para salvar la vida de miles de jóvenes militantes que desconocían los planes de la Cúpula Montonera que los llevaba a un camino sin retorno.

Perón comenzaría a aislar a las cúpulas, denunciando la infiltración ideológica e iría ejerciendo lentamente una acción disuasiva creando permanentemente puentes de acercamiento para aquellos que se dispusieran a acatar su liderazgo.

Figura 8:
El pueblo en Ezeiza para recibir a Perón.

Lamentablemente la muerte no le permitió terminar esta maniobra, pero pudo sí, desmembrar a una parte considerable de la estructura juvenil y fundamentalmente aislar a las organizaciones armadas de la masa peronista.

Estas organizaciones no plantearían un enfrentamiento directo con el líder para poder mantener sus estructuras de superficie la mayor cantidad de tiempo posible, especulando con la desaparición física de Perón. Pero si analizamos su actividad militar podemos ver una coherencia sin fisuras que los llevaron a la agresiva actitud de Galimberti en el acto de Ezeiza, los asesinatos de Rucci, Rogelio Coria, Mor Roig (a sólo 2 semanas de la muerte de Perón), el secuestro del cadáver de Aramburu etc., terminando su camino asociadas con otras organizaciones armadas como el ERP.

Figura 9:
Al llegar una columna de manifestantes de la ‘Tendencia” se originó el tiroteo ante el estupor de la mayoría de peronistas que no comprendían lo que sucedía.

Lamentablemente, la violenta acción de las organizaciones armadas tuvieron su correlato en la respuesta de los grupos de extrema derecha del peronismo en los mismos términos militaristas que ellos planteaban.

Estos grupúsculos absolutamente intracendentes desde su importancia política, encontraron un campo abierto ante el vacío producido por la crisis dirigencial que provocó la abrupta caída del gobierno de Cámpora y los espacios de poder brindados originalmente a los grupos juveniles.

Figura 10:
En la estación aérea de Morón Perón se dispone a bajar del avión que lo condujera definitivamente a la Patria. Unos trabajadores circunstanciales lo aclaman.

Fueron la fuerza de choque de la reacción de los antiguos grupos de derecha desplazados por el propio Perón que intentaron rápidamente reconquistar los espacios perdidos. Pudieron de esa forma dar rienda suelta a sus instintos criminales siempre presentes en su acérrimo macartismo.

A la muerte de Perón encontrarían su aliado más poderoso en José Lopez Rega que incorporó a parte de ellos en su trístemente célebre Triple A, la antesala de los grupos de tarea de la dictadura militar.

Por supuesto que los enemigos de la nación aprovecharían y atizarían esta lucha para impedir el proceso de pacificación nacional que Perón necesitaba imponer para poner en marcha la única herramienta política válida en la lucha por la liberación: la autodeterminación popular.

El asesinato de Rucci

Pero el 25 de septiembre, otro episodio da cuenta de que la guerrilla no está dispuesta a deponer las armas. El secretario general de la CGT, José Rucci, es acribillado a balazos por un grupo comando.

Reiteradamente amenazado, Rucci cambiaba frecuentemente de domicilio. En oportunidad de abandonar una casa ubicada en la calle Avellaneda, de la Capital Federal, es alcanzado por una ráfaga de disparos sin que su custodia -atacada simultáneamente desde las ventanas de otro edificio- pueda repeler la agresión.

Figura 38:
Perón e Isabel en el funeral de Ignacio Rucci.

El dirigente sindical recibe veintitrés impactos de bala, muriendo de inmediato. En principio, el general Iñíguez atribuye el atentado al ERP, pero tiempo después llegará a establecerse que la autoría del mismo correspondió a Montoneros.

Figura 39:
Auto de Ignacio Rucci, luego del atentado que le costara la vida.

De todos modos, Rucci constituía uno de los pilares fundamentales del Pacto Social en el que descansaba el proyecto económico y social de Perón. Su muerte significaba un golpe durísimo a la estrategia trazada por el General, y obraría sobre su ánimo persuadiéndolo de la dificultad de “encarrilar” a los sectores rebeldes de su Movimiento.

Figura 40:
El general Perón acompañado por su esposa y su secretario privado, concurre al velatorio de los restos del secretario general de la CGT, José Rucci, asesinado por los Montoneros.

Perón no ignoraba que esto era – a esa altura- imposible con respecto a la dirigencia de la guerrilla. Pero -como lo evidenciaban reiteradas referencias en sus discursos- abrigaba la esperanza de obrar persuasivamente sobre la masa juvenil incorporada al Movimiento, evitando que esta quemara sus energías internándose en el camino estéril de la violencia y la muerte…

Figura 42:
El sepelio de José Rucci se realiza en un marco de congoja tras la sorpresa provocada por la muerte del conocido sindicalista.

La cúpula de las organizaciones armadas habían demostrado una línea de acción absolutamente sin contradicciones, que había comenzado con la actitud provocadora de Galimberti el 20 de Junio en Ezeiza y ahora con el brutal asesinato de Ignacio Rucci. En corto plazo llegaría el asesinato de Coria, evidentemente con carácter de provocación ya que el sindicalista se había retirado derrotado y vivía en Paraguay.

Esto por supuesto no era lo que se bajaba a sus organizaciones de superficie donde se hablaba de la “Masacre de Ezeiza”, de “Romper el Cerco” y de “Salvar al gobierno de Perón”, a quién mantenían como conductor.

Asesinato de Ignacio Rucci. De Perón Sinfonía del Sentimiento de Leonardo Favio.

Tras la muerte de Rucci, cundiría el desconcierto en los sectores juveniles y comenzaría a producirse un desgranamiento que se profundizaría más tarde. Por esa época se originó el apartamiento de los grupos que más tarde formarían la JP “Lealtad”, en repudio a la creciente ceguera política de las cúpulas de las organizaciones armadas.

La Quinta Pata

Crisis dirigenciales del peronismo: los montoneros

Duración 48 minutos

Contenido:

Tercer bloque de la edición 1 de la Quinta pata, una búsqueda permanente. La última crisis dirigencial del peronismo: los montoneros. La reunión de Roma y Madrid, Montoneros/Perón. Las acciones tácticas y las acciones estratégicas. La filosofía de la acción política.

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