Reflexiones sobre el imperialismo

 

 

 

La Argentina que quería transformar el peronismo era una Colonia inglesa. Para poder comprender mejor el sentido de la lucha revolucionaria que emprenderá el Coronel Perón enfrentando los resortes de poder que sometían a la nación a una condición indigna, que mejor que unas reflexiones del maestro revisionista José María Rosa respecto de la"Voluntad de coloniaje". Veamos entonces los siguientes parrafos estractados de su libro "Rivadavia y el imperialismo financiero".

 

 

Voluntad de coloniaje

 

"Imperialismo -dice el Diccionario de la Academia es el dominio de un Estado sobre otro por medio de la fuerza". No es la acepción empleada entre nosotros. La acción del Estado dominante es indirecta y sutil, y se apoya en la voluntad de los dominados o por lo menos de una parte destacada de ellos. No es tanto una imposición desde afuera ; es sobre todo una aceptación desde adentro.

José María Rosa. Historiador y patriota.

 


En apariencia el Estado sometido tiene las formas exteriores de la soberanía. La Argentina de Rivadavia ha declarado su independencia, posee un gobierno reconocido en el exterior y un orden jurídico aparente, usa bandera, escudo, himno nacional, y demás símbolos nacionales y tiene sus contornos delineados en los mapas con colores propios. Pero no podemos considerarla nación soberana porque no maneja su destino y su quehacer no se dirige a las conveniencias de la propia comunidad. Es una verdadera colonia manejada por una metrópoli ; pero pocos tienen conciencia de este sometimiento. Ni siquiera los federales, el partido nacionalista, que tardarán en darse cuenta del vasallaje.

 

La relación imperialista entre una colonia y su metrópoli poco tiene que ver con la debilidad de ésta y la fortaleza de aquélla. Un país puede ser pequeño, económicamente subdesarrollado, y aún encontrarse sometido por las armas, sin dejar de ser una nación si tiene una mentalidad nacional y obra, dentro de sus posibilidades, con la voluntad de manejarse a sí mismo y la finalidad de sus exclusivas conveniencias. Tampoco caracteriza a una colonia el hecho de producir materias primas o víveres o aceptar el capital foráneo, si los intereses mercantiles o financieros extranjeros no tienen el control de su política. El ejemplo es Brasil en 1826 colonizada económicamente por Inglaterra, pero que tiene una mentalidad nacional expresada, entre otras cosas, por el conocimiento de este sometimiento material y la voluntad de liberarse.

Recova de Buenos Aires. "La acción del Estado dominante es indirecta y sutil,
y se apoya en la voluntad de los dominados o por lo menos de una parte
destacada de ellos. No es tanto una imposición desde afuera ;
es sobre todo una aceptación desde adentro."

 

 

Solamente un país es colonia cuando quiere serlo ; cuando hay una voluntad de coloniaje en sus gobernantes y en la clase social que los apoya. La fuerza no construye nada durable, ya lo advertía Castlereagh al iniciar en 1809 la política del imperialismo mercantil británico. El dominio de la metrópoli sobre la colonia se basa en una coincidencia de intereses entre las metropolitanos y la clase gobernante indígena : aquellos producen manufacturas y éstos víveres, o aquellos exportan o controlan capitales que éstos administran. También hay corrupción, como lo he demostrado en los capítulos anteriores. Pero no basta ese acuerdo de intereses ni la corrupción de los gobernantes para establecer el coloniaje ; es necesaria una coincidencia de mentalidades. Que a la voluntad imperialista, dominante, de la metrópoli se pliegue una voluntad de vasallaje, dominada, en la colonia que haga aceptar a los nativos – y aún reclamarla- la ingerencia foránea.

 

El liberalismo

 

La finalidad imperialista es, en una primera etapa, sacar beneficios de la colonia por la preeminencia de su posición económica. Cuando Inglaterra es el monopolio productor de maquino-facturas, necesita el libre cambio para introducir sus producciones abundantes y baratas que barren la industria artesanal nativa. Para eso debe hacerles comprender los "beneficios de la libertad", y antes de exportar sus hilados y tejidos, les enviará libros de Adam Smith y Ricardo. Inglaterra no va a imponer el liberalismo, aunque a veces necesite alguna pequeña presión diplomática como en el tratado Apodaca-Canning de 1809. Para ser permanente y eficaz éste debe germinar en la mente de los mismos nativos.

Londres en la época colonial. "Esa clase toma la libertad
como culto nacional : adopta el liberalismo en su beneficio
pues ha comprendido que la libertad favorece a los fuertes,
y la burguesía será la fuerte en el medio nativo. Sostiene el
liberalismo político que significa su preeminencia interna,
apoyada naturalmente en el liberalismo económico
que favorece a los foráneos."

 

 

Bajo el signo de la "libertad" nace el imperialismo británico : la "libertad mercantil", significa una igualdad en el trueque, a pesar de la desigualdad en los modos de producir, que pone todas las ventajas de su parte. No otra cosa es el liberalismo que la ventaja de los fuertes : quitadas las trabas aduaneras la industria manufacturada queda a merced de la maquinofacturada. Poco le interesan los talleres artesanales a la burguesía nativa que piensa como "clase" y deja de lado la "nación". Esa clase toma la libertad como culto nacional : adopta el liberalismo en su beneficio pues ha comprendido que la libertad favorece a los fuertes, y la burguesía será la fuerte en el medio nativo. Sostiene el liberalismo político que significa su preeminencia interna, apoyada naturalmente en el liberalismo económico que favorece a los foráneos. Con ambos liberalismos nace la colonia del siglo XIX. El Estado dominante que ya podemos llamar metrópoli favorecerá el liberalismo político que deja el gobierno y la preeminencia interina en manos de una clase sin mentalidad nacional, y garantiza con eso la permanencia del liberalismo económico exterior.

 

La metrópoli : imperialismo mercantil y financiero

 

Inglaterra se convierte en el monopolio de mercaderías elaboradas mientras los países que adoptaron su liberalismo producirán exclusivamente, o casi, materias primas y víveres. Ha tenido su gran triunfo al extender más allá de su isla sus mercados de consumo. Pero no se detiene allí. Debe vigilar y cuidar a sus aliados nativos propensos a extralimitarse en el abuso de la recién conquistada libertad como niños que juegan con armas de fuego. "No debemos librar a su fantasía tan amables compañeros", decía Canning en 1825 porque recelaba que matarían a la gallina de los huevos de oro -el "culto a la libertad" - con sus intemperancias de dominación que podrían llevar a un levantamiento de las masas y el consiguiente despertar nacionalista. A los gobernantes nativos debería embretárselos y trazárseles el rumbo, claro es con tino y habilidad para no despertar recelos en otros : "Hispanoamérica es libre, y si sabemos dirigir bien el negocio es inglesa", decía el mismo Canning : "el Nuevo Mundo establecido, y si nosotros no lo echamos fuera ¡nuestro!".

George Cannig."No otra cosa es el liberalismo que la ventaja
de los fuertes : quitadas las trabas aduaneras la industria
manufacturada queda a merced de la maquinofacturada."

 

 

 

Tras el imperialismo mercantil, llega el financiero en forma de exportación de capitales o control de los capitales nativos. Lenin habla de él como etapa iniciada a fines del siglo XIX porque entonces se desenvolvería ininterrumpidamente y en gran escala . Pero desde el segundo decenio del siglo pasado hay en Hispanoamérica una penetración de capitales ingleses en forma de monopolios bancarios, empréstitos, empresas mineras colonizadoras, etc. Su objetivo material es obtener una ganancia distribuida juiciosamente entre concedentes nativos y concesionarios ingleses, pero está presente en todo momento el interés político del Reino Unido.

 

Con los monopolios bancarios y los empréstitos se trata de atar las nuevas repúblicas al dominio británico ; pero la acción fracasa (2) pues la codicia de nativos e ingleses bordea la estafa. La desaprensión de Rivadavia al manejar los intereses de sus empresas, sobre todo la Mining, lleva a una crisis que arrastra de contragolpe la influencia británica. Se levantan las masas - como había sido previsto - y ocurre el despertar nacionalista con Dorrego en 1928, aún impotente para comprender y sacudir el dominio extranjero. Tras una agonía de siete años se liquida la ingerencia británica, mercantil y financiera en el segundo gobierno de Rosas ( ley de aduana de 1835, apoderamiento del Banco en 1836, desgravación de la tierra pública en 1838, etc. ) , y la penetración imperialista se ve obligada a recurrir al peligroso recurso de las intervenciones armadas. Que Rosas hace fracasar. Solamente podrá restablecerse después del aniquilamiento del gobierno popular en Caseros en 1852.

 

El imperialismo como seguro social

 

Las ganancias provenientes del imperialismo mercantil o financiero, se distribuyen en forma de beneficios a los capitalistas reales o ficticios. Hasta el Banco de Inglaterra obtiene ventajas, pues ve aumentada su existencia de metálico cuando la circulación de onzas y patacones es reemplazada en la Argentina por billetes de papel. Pero desde mediados de siglo y sobre todo en la segunda etapa del imperialismo inglés ( aquella que se inicia después de Caseros ) estas ganancias se emplearán en satisfacer las demandas de aumento de salarios, mejor condición del trabajo y aspiraciones a una elevación de vida de las clases obreras inglesas. De esta manera el imperialismo obrará como seguro contra los desórdenes sociales de la metrópoli. El alto nivel de la vida obrera en la metrópoli -en todas las metrópolis imperialistas- se paga con el bajo de las colonias. El obrero metropolitano consigue bienestar - y por lo tanto lo satisface el sistema capitalista- a costa de la miseria del trabajador colonial.

Vizconde de Castlereagh. "El alto nivel de la vida obrera en la metrópoli se paga
con el bajo de las colonias. El obrero metropolitano consigue bienestar -
y por lo tanto lo satisface el sistema capitalista-
a costa de la miseria del trabajador colonial."

 

 

Este seguro social llegará a ser la causa principal para mantener la hegemonía imperialista en el siglo XX. La estabilidad del régimen capitalista en la metrópoli se consigue con el medio de descargar los problemas sociales en las colonias.

 

El Estado-satélite

 

El control de la metrópoli sobre las colonias no se reduce a conseguir ventajas materiales ni estabilidad social. El viejo imperialismo territorial se mantiene latente bajo las formas indirectas que toma la dominación internacional desde comienzos del siglo XIX. Hay una penetración política paralela a la penetración económica : una, colonia debe conducir su política interna y exterior según el rumbo trazado por la metrópoli. No puede separarse de él ; como un satélite sin luz propia debe necesariamente girar en la órbita del dominante.

Manuel Dorrego, un patriota que se opondría a la presión colonialista.
"Una colonia debe conducir su política interna y exterior
según el rumbo trazado por la metrópoli."

 

 

En el caso de Inglaterra, maestra de metrópolis, la dominación política es sutil e indirecta. No se dan órdenes, o se dan. por excepción ( como lo hacía Ponsonby ) , sino meras y diplomáticas insinuaciones que la mentalidad colonial nativa se adelanta a comprender. A veces los nativos van mas allá de los propósitos metropolitanos : ocurrió con Alvear en 1815 al ofrecer el coloniaje a Strangford y Castlereagh, y más tarde con Florencio Varela en su misión ante Aberdeen en 1844.


Pero las demás metrópolis -Francia o Estados Unidos- no poseen la habilidad inglesa ni los años de experiencia en la sutil política de dominación imperialista. Valga el ejemplo del bloqueo francés fracasado en 1840 en el Plata, o el de los diplomáticos norteamericanos y la difícil estabilidad de su imperio colonial en la segunda mitad del siglo XX.

 

La colonia; la “mentalidad colonial”

 

Para que un Estado con los atributos exteriores de la soberanía se encuentre reducido a la condición de colonia, es imprescindible que su clase gobernante tenga mentalidad colonial. El solo hecho de una imposición guerrera, o aún económica, no significa coloniaje cuando no está acompañada de la correspondiente voluntad de vasallaje. Brasil permitiendo a Inglaterra los leoninos tratados de comercio y esclavatura en 1825 y 1827 no se constituye en colonia británica pues lo hace consciente del despojo. Debe ganar la guerra a la Argentina y soborna al árbitro. Hipoteca su soberanía por quince años para recuperarla después. Es que la clase gobernante brasileña no tiene mentalidad colonial: es una aristocracia - en la acepción aristotélica del vocablo - que actúa con plena conciencia de ser conductora de una nación. Su patriotismo es firme y no se diluye en frases de retórica.

Puerto de Buenos Aires. "Para que un Estado con los atributos exteriores
de la soberanía se encuentre reducido a la condición de colonia,
es imprescindible que su clase gobernante tenga mentalidad colonial."

 


Entre nosotros no ocurre lo mismo. La clase dirigente nativa no tiene madurez política y por lo tanto carece de mentalidad nacional. La reemplaza una mentalidad colonial donde la noción del patriotismo está subvertida. La Patria no es "la tierra y los muertos" de la conocida definición, ni el culto de las propias tradiciones, ni el orgullo de las virtudes vernáculas ni nada de aquello que identifique al hombre con su medio. No se siente la patria como una hermandad que habita un mismo suelo y tiene en común una historia. Para el unitario serán bárbaras las modalidades propias y civilizadas las foráneas.

 

La patria de los coloniales

 

Los hombres de Mayo habían sentido la patria, aunque no atinaron a expresarla. Moreno acuñó la frase de "la nacionalidad americana oprimida tres centurias" que trasladaba la patria al imperio de los Incas ; los coros de niños entonaron ante la pirámide la Canción Patriótica aprobada por la Asamblea del XIII: "se remueven del Inca las tumbas / y en sus huesos revive el ardor / lo que ve renovando a sus hijos / de la patria el antiguo esplendor", y los diputados de Tucumán votaban el 9 de julio la resurrección legal de la patria de Atahualpa al "romper los violentos vínculos que ataban a España, y recuperar los derechos de que fueran despojados”, mientras buscaban un descendiente de los Incas para restaurarlo en el Cuzco. Aquello era artificioso pero traducía un sentimiento nacionalista aunque ingenuo y equivocado, y, sobre todo -cualidad excelente para roussonianos - justificaba la Revolución en el Contrato Social por que los españoles no habían preguntado la opinión de los indios al hacer la conquista como hubiera sido lo roussoniano correcto.

 

Pero en los unitarios de Rivadavia la patria eran las luces que solamente ellos poseían, la libertad (para pocos ) , la constitución que quitaba el voto a los asalariados y jornaleros ; y opuestos a la patria eran los desprovistos de luces, los montoneros seguidores de caudillos, los federales enemigos de la constitución. La patria rivadaviana no sólo era compatible con el dominio imperialista ; necesitaba la ayuda extranjera para mantenerse contra la antipatria nativa. A través de esas abstracciones el unitario sentía a la patria como la exclusividad política y económica de su clase social, como la sienten los coloniales de todo el mundo y en todas las épocas. El pueblo no cuenta, o cuenta como factor negativo que debe mantenerse en forzado alejamiento hasta que adquiera "mentalidad patriótica" y se resigne mansamente a una situación deprimida política y económica. Sarmiento, que empezaba a usar la palabra democracia, llamaba a esto -sin ironía-, "educar al soberano".

 

La oligarquía

 

Como la clase privilegiada de una colonia se entiende a sí misma como la patria y gobierna en exclusivo beneficio de sus intereses de clase y sus mandantes de ultramar, no puede ser llamada aristocracia. Carece de la "virtud política", que quería Aristóteles, de interpretar a la comunidad íntegra. No es una clase dirigente porque nada dirige ; simplemente medra. Por eso la he llamado privilegiada y no dirigente. No es una aristocracia, sino una oligarquía dentro de la clasificación aristotélica de los gobiernos : la "aristocracia del dinero" - la llama Dorrego en las sesiones del Congreso Nacional- "que pueden poner en giro la suerte del país y mercarlo".

Juan Manuel de Rosas, aristócrata argentino.
"Como la clase privilegiada de una colonia se entiende a sí misma
como la patria y gobierna en exclusivo beneficio de sus intereses
de clase y sus mandantes de ultramar, no puede ser llamada aristocracia."

 

 


Pocas veces encuentra la oligarquía defensores teóricos (pues se prefiere defender los abstractos conceptos de la "libertad" o de la "democracia" formal. Pero algunas veces los hubo. Manuel Antonio de Castro contestaba a Dorrego que "nunca puede dejar de haber esta aristocracia ( la del dinero ) que se quiere hacer aparecer como un monstruo . . . es la que hace conservar el orden y la sociedad . . . la aristocracia del dinero nace de las naturalezas de las cosas : cada uno debe tener tanta parte en la sociedad cuantos son los elementos ( con ) que entra en ella". Y en 1853 escribía Sarmiento en defensa de la constitución dictada en Santa Fe que "son las clases educadas las que necesitan una constitución que asegure las libertades de acción y de pensamiento : la prensa, la tribuna, la propiedad . . . una constitución no es la regla de conducta pública, para todos los hombres : la constitución de las masas populares son las le es ordinarias los jueces que las aplican y policía de seguridad" .

 

 

 

Fundación Villa Manuelita