Navidad y nochebuena

21 dic
2011

NOCHEBUENA Y NAVIDAD

Hoy es Navidad. Navidad de 1950.

Anoche, en cinco millones de hogares argentinos se brindó con la sidra y se comió el pan dulce de “Perón y Evita”.
También esto han criticado violentamente nuestros adversarios.

Nos han dicho que tirábamos migajas sobre la mesa de los argentinos y que comprábamos así la voluntad del pueblo.
Nosotros seguimos haciendo lo mismo de la misma manera, todos los años.

“¿Ladran? ¡Señal que cabalgamos!”

Pero no son migajas. Yo sé que en vez de una botella de sidra sería mejor una docena de botellas de “champagne”… y en vez de un pan dulce, un canasto lleno de regalos.

No se dan cuenta los mediocres que nuestra sidra y nuestro pan dulce son nada más que un símbolo de nuestra unión con el pueblo.

Es nuestro corazón (el de Perón y el mío) que quiere reunir en la nochebuena a todos los corazones descamisados de la Patria, en un abrazo inmenso, fraternal y cariñoso.

De alguna manera queremos estar en la mesa familiar de los argentinos.
Hemos elegido esa manera porque nos ha parecido la más cordial y la más digna.

Un regalo, por más rico que sea, a veces ofende.
Pero un recuerdo cuando más sencillo parece que lleva más amor.

sto es lo que queremos llevar a cada hogar argentino con nuestra sidra y nuestro pan dulce.

Anoche, como todos los años, al promediar la nochebuena, hablé a los descamisados en un mensaje radial.

La nochebuena es de los pobres, de los humildes, de los descamisados desde que Cristo, despreciado por los ricos que le cerraron todas las puertas, fue a nacer en un establo… y ¿acaso los ángeles no llamaron a los pastores, a los hombres más humildes y pobres de Belén… y únicamente, a ellos le comunicaron la buena nueva que venía a alegrar el mundo?

Únicamente a los pastores, a los humildes, a los pobres les fue anunciada la “paz de buena voluntad…”. ¿Qué tiene de raro que Perón sólo luche por la felicidad de los descamisados?

¡Los otros, los demás, ya tienen la felicidad que ellos mismos se pueden construir!

El tema y el día me hacen seguir hablando de Dios y de los pobres. Muchas veces cuando pienso en mi destino, en la misión que debo cumplir, en la lucha que esa misión me exige, me siento débil.
¡Es tan grande la lucha y son tan pocas mis fuerzas!

En “esos momentos” creo que siento necesidad de Dios…

Yo no lo invoco a Dios a cada rato.
Recuerdo que un día alguien me rogó que fuese más “cristiana”, y que invocase más frecuentemente a Dios en mis discursos y en mi actividad pública.

- Quiero dejar aquí en estos apuntes la respuesta que le di, porque me he prometido ser sincera en todo…también en esto:
Es cierto lo que Ud. dice. Yo no invoco a Dios muy frecuentemente. La verdad es que no lo quiero complicar a Dios en el bochinche “de mis cosas”. Además, casi nunca lo molesto a Dios pidiéndole que me recuerde, y nunca reclamo nada para mí. Pero lo quiero a Cristo mucho más de lo que Ud. cree: yo lo quiero en los descamisados.

¿Acaso no dijo Él que estaría en los pobres, en los enfermos, en los que tuviesen hambre y en los que tuviesen sed? Yo no creo que Dios necesite que lo tengamos siempre en los labios. Perón me ha enseñado que más vale llevarlo en el corazón. Yo soy cristiana por ser católica, practico mi religión como puedo y creo firmemente que el primer mandamiento es el del amor. El mismo Cristo dijo que… “nadie ama más que el que da la vida por sus amigos”.

Si alguna vez lo molesto a Dios con algún pedido mío es para eso: para que me ayude a dar la vida por mis descamisados…”

Eva Perón, La razón de mi vida.


Un puente tendido


Abrazada a la patria todo lo daré

porque hay pobres en ella todavía,

porque hay tristes,

porque hay desesperanzados,

porque hay enfermos.


Mi alma lo sabe

mi cuerpo lo ha sentido.

Tengo junto al alma de mi pueblo

mi propia alma

y ofrezco todas mis energías

para que mi cuerpo sea como un puente tendido

hacia la felicidad común.


Pasad sobre él !

firme el paso !

alta la frente !

hacia el destino supremo de la patria nueva !!


Evita, mensaje de navidad de 1948

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La quinta pata

15 dic
2011

La Fundación Villa Manuelita presenta una nueva herramienta para intentar disparar la participación y el debate histórico-político: La quinta pata, una búsqueda permanente. Un espacio militante para intentar profundizar temáticas coyunturales que nos permitan bucear en la búsqueda de la identidad revolucionaria del peronismo.

La Quinta Pata son grabaciones de conversaciones entre militantes con el sólo propósito de servir de disparador para la discusión. Es una humilde propuesta limitada a una producción audiovisual simple, pero realizada con un alto fervor y entusiasmo.

En esta primer emisión presentamos tres bloques que abarcan los siguientes temas:

Bloque 1

¿Es el peronismo una ideología revolucionaria?

Temario:

Análisis de Debates y combates. ciclo de charlas sobre filosofía e ideología. ¿Cuál es la teoría peronista? Ideología o valoración común?

Duración: 27 minutos

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Material de lectura adicional propuesto:

Judith Revel. ¿Cómo definir la noción de biopolítica? VER

Toni Negri. Inventar lo común de los hombres VER

Bloque 2

El día del militante. 17 de noviembre de 1972

Temario:

La epopeya de Ezeiza. La fiesta popular en Gaspar Campos. El mayo francés. El cordobazo. La insurrección popular. La incorporación masiva de los jóvenes de clase media al movimiento.

Duración: 35 minutos

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Material de lectura adicional propuesto:

17 de Noviembre de 1972. Un nuevo 17 de octubre. VER

Bloque 3

Crisis dirigenciales del peronismo: los montoneros

Temario:

La última crisis dirigencial del peronismo: los montoneros. La reunión de Roma y Madrid: Perón/ Montoneros. Las acciones tácticas y las acciones estratégicas. La filosofía de la acción política. El ejército revolucionario: ¿brazo o cabeza del movimiento popular?

Duración: 49 minutos

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Material de lectura adicional propuesto:

Soledad y Revolución. El tercer gobierno de Juan Perón. VER

La cocina de la ley

29 nov
2011

La cocina de la ley

El proceso de incidencia en la elaboración de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en Argentina

Presentamos la versión

PDF del libro de Néstor Busso y

Diego Jaimes (compiladores)

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La lucha contra la colonización cultural que anunció reiteradamente nuestra presidenta nos estimula a analizar cómo el peronismo puede acompañar y promover una forma de participación política diferenciada de los sofismas liberales que le permita delinear una alternativa revolucionaria.

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Agradecemos especialmente a Pedro Lanteri,
director de la Voz de las Madres (AM 530).

La Cocina de la ley nos revela el largo recorrido realizado por las personas y agrupaciones políticas que participaron del proceso que culminó con la sanción legislativa de la ley 26.552. Un relato que nos describe el esfuerzo de un diversificado conjunto de sectores populares, que rescatan las formas participativas que el peronismo motorizó a través de su larga historia de luchas.

Fue evidente el esfuerzo permanente de Juan Perón por construir una forma de participación diferenciada en el ciudadano argentino. En el primer gobierno lanzó junto con el Segundo Plan Quinquenal en el año 1952 las Organizaciones Libres del Pueblo, y en su tercer gobierno mientras luchaba contra su propia vida que se extinguía, propuso una Reforma Constitucional con un basamento de participación popular en el Consejo para el Proyecto Nacional. Conjuntamente presentó como actualización doctrinaria de ese momento El Modelo Argentino donde convocaba a su pueblo a definir y crear una identidad social común para construir la comunidad soñada por todos.

Perón planteaba que la liberación nacional dependía de la maduración cultural del pueblo en función de lograr crecientes grados de solidaridades comunitarias: primero a nivel social y luego nacional.

El aspecto más revolucionario de su propuesta fue la forma de lograr una identidad fuera de las ideologías abstractas que hasta ese momento habían reglado la normas de convivencia política donde una clase ilustrada o profesional resolvía los problemas políticos de la comunidad, y el pueblo podía con su elección (cuando se le era otorgada) propiciar el camino adecuado.

Perón había comprendido que la revolución de los medios de información masiva así como la evolución tecnológica, imponía un cambio sustancial en los grados de complejidad de las relaciones culturales así como un crecimiento geométrico de los eventos y conflictos de las comunidades sumado a un aceleramiento de los procesos socio-políticos.

La maduración colectiva de la comunidad si quería seguir brindando una respuesta adecuada a la conflictividad creciente no podría ya sustentarse con la actividad política propuesta por el liberalismo o el marxismo dogmático. Si los pueblos querían liberase deberían encontrar una forma de participación distinta que permitiera a la comunidad madurar culturalmente a la misma velocidad que la evolución de los acontecimientos político-culturales imponía.

Era evidente que circunscribir la participación popular solamente a la elección de representantes acotaba esta actividad ciudadana promoviendo un hombre que cada día miraría mas hacia sí mismo y se aislaría de la complejidad palpitante de la realidad.

Suplantando las lógicas acciones solidarias hacia su comunidad por un materialismo competitivo que elevaría sus aristas hedonistas este camino promovería una suicida carrera hacia un individualismo creciente que enfrentaría a los hombres con sus hermanos y a unas naciones contra otras.

Este proceso también condenaría a las Instituciones políticas a una burocratización e inmovilidad que provocaría su caída en el consenso común, con su incierta consecuencia: la falta de autoridad y por ende de poder.

Hoy ante la crisis financiera mundial es evidente el rechazo de la comunidades a las Instituciones políticas que se han quedado huérfanas de decisión y poder para enfrentar a las corporaciones económicas internacionales. Estas sí han logrado mantener una sofisticación adecuada de sus estructuras con la formación acelerada de sus cuadros de conducción, para seguir a la evolución cultural en defensa de sus intereses privados.

Para lograr una maduración similar en las Comunidades el principal problema residía en romper la relación vertical y unidireccional existente entre las dirigencias y los pueblos. Los Estados se transformaron en protagonistas únicos, mientras los pueblos eran espectadores lejanos de los acontecimientos.

Esta relación se sostenía en base a una identidad de tipo ideológica o filosófica abstracta y predefinida tomada por las dirigencias que eran las que decidían por el pueblo. Situación lógica de las épocas donde las masas se caracterizaban por su falta de información e incultura.

Perón desarrollaría un sistema de identidad política distinto que permitiría el libre albedrío ciudadano en la creación y elaboración de las normas que regirían y transformarían a su comunidad, manteniendo una identidad común con características firmes y diferenciadas.

Propondría la organización política de la comunidad para que juntos, dirigentes y pueblo fueran conformando en una acción creativa permanente la nación donde desearan vivir. No habría ideologías preelaboradas ni objetivos abstractos a alcanzar. La identidad ideológica de esa lucha sería también una construcción permanente que dejaba las teorizaciones como síntesis de esa praxis contínua y como una consecuencia de la acción transformadora de esa experiencia comunitaria.

Para ordenar el proceso y poder institucionalizarlo orgánicamente decidió brindarle una identidad ideológica a través de principios que permitirían un visión común sobre la realidad así como también una tabla de valores aplicada a la acción política.

Un pueblo con principios doctrinarios afines tendría una visión común sobre la realidad y sus problemáticas, lo que lo llevaría a tener una unidad conceptual y una identidad común en un proceso de autodeterminación comunitaria.

Esta identidad tendría una diversidad amplia para respetar los distintos acentos de los distintos sectores sociales que la conforman, pero ese conjunto se movería como un bloque unido con valores diferenciados y propios que permitirían un rumbo definido y una acción liberadora.

La identidad ideológica del peronismo se manifestaría entonces como una construcción común y permanente en un proceso de transformación donde pueblo y dirigentes tendrían una misma valoración sobre los procesos políticos. Esta valoración fue sintetizada por el Gral. Perón el 17 de octubre de 1950 enLas 20 Verdades Peronistas.

La lucha revolucionaria del peronismo se concentró en brindar a su pueblo esa visión común, para generar un subconciente colectivo que se transforme en el reaseguro de la liberación nacional. Toda la acción del gobierno peronista, sus logros, sus fiestas, sus emprendimientos, eran utilizados para reafirmar lo principios doctrinarios sintetizados en las tres banderas del justicialismo: justicia social, independencia económica y soberanía política.

Este adoctrinamiento popular es lo que permitiría la participación ampliada que el gobierno justicialista promovió desde el gobierno. Su forma de hacer política tendrá expresiones diferenciadas con una movilización popular que no era instigada como en los viejos partidos políticos de la democracia liberal solamente ante los eventos comiciales, sino que se mantenía en términos crecientes y masivos acompañando todas las acciones de gobierno.

A las clásicas convocatorias populares del 1 de mayo y el 17 de octubre se sumarían los acontecimientos políticos como la nacionalización de los ferrocarriles, la reforma constitucional, la declaración de la independencia económica, el lanzamiento de sus planes quinquenales así como también las inauguraciones de las grandes obras de la Fundación Eva Perón.

Esta profundización democrática además ampliaría por tres el padrón electoral incorporando a la mujer, los territorios nacionales y los suboficiales del ejército. Incorporaría además a la mujer en la acción política incluyéndola en las legislaturas al igual que los obreros. La argentina viviría una verdadera conmoción política que grabaría en la mística popular la movilización permanente y la participación activa como ejes fundamentales de la política de liberación.

A pesar de esto el adoctrinamiento popular justicialista no pudo proyectarse en acciones institucionales que permitieran el comienzo de un proceso de autodeterminación comunitaria para definir un nuevo Modelo de país. Lamentablemente la propuesta de Perón no fue comprendida ni en los 50 ni en los 70.

Sin embargo el Hombre Nuevo que anunció se iría afirmando con el correr de los años ante la explosión de los medios de comunicación de masas, que multiplicaron su capacidad informativa geométricamente, sumando a ello la extraordinaria revolución cultural de Internet, con su interconectividad planetaria instantánea.

Hoy es absolutamente natural ver la participación popular en decisiones políticas que van desde la formulación de alternativas económicas hasta el abordaje de cuestiones de política exterior, o los proyectos de reformas constitucionales nacionales o provinciales.

Hoy, los pueblos naturalmente van superando las formas de participación política, acentuando el agotamiento de las estructuras participativas demoliberales.

El sentido orgánico institucional para la participación comunitaria, que estaba ausente durante los inicios del peronismo, es en el presente una evidencia que presiona sobre las derruidas estructuras del demoliberalismo. La democracia burguesa no sabe cómo enfrentar la enorme ansia participativa de los pueblos. Al no encontrar un cauce ordenado a sus nuevas potencialidades, los pueblos expresan su impotencia con un repudio sobre las corroídas dirigencias partidocráticas del liberalismo, que se hunden en un descrédito generalizado.

El extraordinario crecimiento de las redes sociales de Internet demuestra la necesidad del hombre de verse reflejado en algún ámbito orgánico institucional donde pueda sentirse expresado, más allá del papel consumista al que lo condena el Estado fáustico demoliberal. A las acciones de participación masiva, como plebiscitos y referéndums, se han sumado las herramientas de medición de opinión, que permiten evaluar los consensos comunitarios.

La visión valorativa sobre la realidad en común del pueblo es lo que permite al peronismo ampliar los marcos de participación masiva en cada una de las acciones de transformación política que encara. Es una actitud revolucionaria que se enfrenta con la acción política de la democracia liberal que promueve el individualismo egoísta del capitalismo donde el ciudadano vota y consume encerrado en una actitud competitiva y hedonista. Este enfrentamiento de carácter cultural es la madre de todas las batallas.

No basta solamente con un buen gobierno (como el que tenemos) para ir consolidando las estructuras políticas que rompan el entramado de intereses de las corporaciones neoliberales que buscan nuestra colonización. Es necesario promover una nueva actitud ciudadana que trascienda la elección de representantes y se comprometa con la definición de políticas de vayan brindando una nueva identidad a nuestro pueblo.

Esta nueva etapa histórica del peronismo está signada por la actitud de un grupo de patriotas que pateó el tablero de la administración sumisa que le venía ofreciendo el establishment corporativo para jugar a la democracia en un marco de dependencia colonial. Su actitud valiente y decidida frente a las fuerzas de la dependencia comenzó a abrir los espacios políticos donde las fuerzas populares pueden desplegar sus nuevas experiencias participativas.

El esfuerzo de los compañeros que llevaron adelante la lucha por la Ley de Medios, demostró que ese basamento subcociente y revolucionario del pueblo argentino sólo necesita de estímulos y esfuerzos para ponerse en marcha y transformarse en una herramienta poderosa contra el colonialismo cultural que nos somete.

La democracia popular que queremos construir debe ser congruente con las potencialidades actuales de participación. Si queremos que el Estado tenga la autoridad necesaria para generar un poder revolucionario que nos libere, se debe democratizar la toma de decisiones políticas, para que sean realizadas por el conjunto de la comunidad y no sólo por sus dirigentes.

Será en esa búsqueda que el pueblo y el Movimiento Nacional podrán reactualizar las herramientas que el Líder dejó como herencia, para articular la nueva democracia popular que permitirá nuestra liberación definitiva.
Porque Perón estaba convencido de que hay un fatalismo histórico en el futuro de la Argentina. Un destino marcado por la inquebrantable voluntad de su pueblo y su historia, escrita con el deseo, la voluntad y la heroicidad de nuestros mártires, que nos alumbran el camino.

Daniel Di Giacinti

La cocina de la ley

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17 de Noviembre de 1972

Un nuevo 17 de octubre

“…Creo firmemente que ya llega en el mundo la hora de los pueblos. Las instituciones que quieran mantener el cerco de sus antiguos privilegios y niegan la realidad del pueblo impidiéndole que penetre en sus cuadros directivos, serán destruidos por la avalancha de las masas que surgen desde el principio de la historia por caminos de sangre y de dolor, pero como una marea incontenible de libertad y de justicia.

Nuestra única gran virtud ha sido adelantarnos al  tiempo en su evolución irreversible y organizar la marea, para que el paso de esta edad a otra edad de nuestra historia se realice sin grandes inconvenientes y sin mayores sacrificios. La hora de los pueblos ya no es una palabra de la jerga demagógica en las mentidas democracias de nuestro tiempo. Los pueblos están abriéndose camino entre la maraña de redes y de sombras que lo aprisionaban.

Ninguna fuerza los podrá detener en ese camino de liberación, la sed de justicia que llena la boca y el corazón de la humanidad ya no podrá ser apagada ni con palabras ni con dinero.

En nuestros tiempos se cumplirán inexorablemente las palabras de Cristo y serán bienaventurados los que tengan sed de justicia porque ellos serán saciados y saciados de justicia en la plenitud de su realidad!

Juan Domingo Perón

En 1955 la incomprensión política en la dirigencia del movimiento nacional había provocado el congelamiento de la revolución justicialista. Los objetivos estratégicos del peronismo debían poner en marcha un proceso de autodeterminación política donde el pueblo pudiera discutir y construir un proyecto de nación. Esto provocaría la maduración política de la comunidad aumentando los grados de solidaridad entre sus integrantes hasta lograr la ansiada Unidad Nacional. Para ello se necesitaba incorporar orgánicamente a los sectores de la comunidad que sumados a los trabajadores podrían definir el modelo de comunidad que el país necesitaba.

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Era necesario ganar a estos nuevos sectores para integrarlos ideológicamente al movimiento nacional, persuadiéndolos que se sumaban a un proceso revolucionario, donde el pueblo en una creación dinámica iría definiendo una comunidad que lo identificara. Las dirigencias, sin embargo, se dedicaron a administrar los espacios políticos que la revolución había abierto, pero no alcanzaban a sumar nuevos sectores que eran imprescindibles para el funcionamiento del proceso. En realidad el problema de base era que en los sectores dirigenciales no se entendía al justicialismo como una revolución. La autoridad de Perón era enorme, pero más que nada por lo que había provocado históricamente y no por plantear un proyecto trascendente.

Se lo veía con un enorme respeto por haber brindado al país su independencia económica y la dignificación de los trabajadores. Era sin duda un gran líder y un político imbatible. Sin embargo no era visto por los dirigentes peronistas como un revolucionario completo, capaz de llevar adelante una transformación trascendental, de provocar un proceso político capaz de fundar una nueva moral para el hombre.

Esto impactaba profundamente en los aspectos metodológicos del accionar político, donde se verían graves deficiencias de apreciación entre los dirigentes y el líder. Es justo reconocer que en la resistencia no habría lugar ya para burócratas y advenedizos, era una discusión entre militantes probos y valientes que pese a la persecución de la “canalla dictatorial” se atrevían a la lucha. Al hablar de conceptos organizativos Perón hablaba en términos funcionales. Las organizaciones debían respetar el principio orgánico de concepción centralizada y una ejecución descentralizada. Era una concepción aplicada al enorme dinamismo y libertad que debía regir la conformación de una “libre organización” popular, donde absolutamente todos, sin importar su inserción en la comunidad debía participar orgánicamente de la acción política.

El sentido orgánico de pertenencia política del peronismo era la clave para lograr la unidad del movimiento. Al no comprender el alcance revolucionario del peronismo, los dirigentes mantenían en sus concepciones las formas orgánicas del sistema liberal o de la izquierda dogmática, generándose entonces visiones divergentes respecto de las tácticas políticas.

De acuerdo a su inserción en el tramado político, ya sea partidario, de base o sindical, las maniobras de Perón ser verían muy a la izquierda en algunos casos, muy dialoguistas en otros, muy retardatarias o muy apresuradas, muy a la derecha o muy a la izquierda. En realidad en el fondo había un problema de comprensión y también de autoridad.

A un líder revolucionario se lo debe de tratar de comprender en términos estratégicos buscando dilucidar el sentido último de su acción. El camino para la recuperación del poder que planteaba Perón era sencillo: se trataba de una insurrección popular permanente, desarticulando el frente oligárquico de la revolución libertadora hasta aislar al grupo gorila, enfrentando en cada coyuntura las distintas políticas que el enemigo planteara.

Algunas veces la lucha sería de dura resistencia confrontativa, en otras sería por medio de pactos políticos para lograr la división y desarticulación de algún partido, otras por medio del voto en blanco o la abstención, algunas veces con candidatos propios, otras veces con algún frente con otras fuerzas políticas. Todo serviría para el debilitamiento del poder del enemigo y el crecimiento del propio. El objetivo final de la lucha era lograr las condiciones institucionales para poner en marcha la única herramienta de liberación posible que era un proceso de autodeterminación popular. Un pueblo liberado de sus ataduras coloniales y conciente de su responsabilidad política definiendo su destino como Nación. Esto provocaría el aumento creciente de solidaridades comunitarias hasta alcanzar la Unidad Nacional. Este objetivo solo era posible de poner en marcha desde el Estado por lo tanto el retorno al poder era imprescindible.

Perón consideraba además fundamental la institucionalización del movimiento y para eso era necesario construir autoridad sobre una nueva capa dirigencial. La actitud del líder en ese sentido fue la de una permanente búsqueda de delegación de poder especialmente en los aspectos tácticos del accionar político. Fue contundente la cantidad de delegados que nombró, así como distintos comandos estratégicos o tácticos. Lamentablemente esta delegación de poder sólo se podía transformar en autoridad real si el pueblo (el único que la otorga) aprobaba la capacidad de conducción en los nuevos dirigentes.

La falta de comprensión metodológica respecto del proyecto político de Perón haría fracasar la maduración dirigencial. Los compañeros que estaban más ligados a los aspectos partidarios sólo comprendían el sentido de la lucha en lograr una determinada rosca que los incluyera, o con la conquista de un determinado espacio político en el sistema demo-liberal (una gobernación, una diputación o componer un frente partidario). Los que se preciaban de una conducta más revolucionaria, más de base, se sentían más cómodos aspirando a estructuras políticas tipo partidos revolucionarios o vanguardias de acción más comprometida, sin contacto con rosqueros o dialoguistas. Estaban los que trabajaban en el ámbito sindical donde lo que prevalecía era garantizar los espacios de poder que les permitían mantener su reivindicaciones sectoriales así como su sindicatos u obras sociales. No se entendía que existía un núcleo de pertenencia superior que era el movimiento nacional, donde todos los cuadros individuales y sus organizaciones tenían una funcionalidad común.

El sentido orgánico del justicialismo se encontraba en todos sus militantes, unidos por sus concepciones doctrinarias y detrás de un objetivo común. Era absolutamente secundario el ámbito donde se trabajaba ya que todos tenían una misión individual que cumplir allí donde estuviesen. El sentido de pertenencia a una organización revolucionaria que les permitiría nutrirse de la mística necesaria para la acción así como su sentido de unidad, sólo se lograría entendiendo el sentido estratégico de la lucha del movimiento. Comprender esa dinámica daría a cada militante, a cada organización, la posibilidad de unir sus intereses particulares al interés común.

El espíritu del mayo francés

En mayo de 1968 un espíritu de rebelión contra los sistemas políticos y las autoridades vigentes se expandió desde Francia hacia el resto del mundo. Lo novedoso de estos sucesos era la unión de los trabajadores con los estudiantes de clase media que marchaban por primera vez juntos por las calles de París.

Sin embargo pese a la eclosión política que protagonizaron y que obligaron al presidente De Gaulle a disolver la Asamblea Nacional, luego del adelantamiento de las elecciones parlamentarias y unos aumentos de sueldos otorgados a los obreros, todo se calmó y el sistema pudo absorber  la crisis quedando como el referente romántico de una primavera anarquista. En Argentina el reflejo de esta experiencia encontraría una situación muy especial que la potenciaría de tal forma, que la transformaría en un evento de características realmente revolucionarias. Perón había logrado derrotar la maniobra de la democracia proscriptiva llevada adelante por la revolución fusiladora, con la complicidad de todos los sectores intermedios: sus partidos políticos e instituciones como la justicia, la iglesia, el ejército etc..

Había cercado al enemigo borrándole las apariencias de formalidad democrática y desnudando su patética imagen dictatorial. Si en el 55 los valientes resistentes peronistas se encontraron con una indiferencia de los sectores medios argentinos, los jóvenes de los sesenta recibirían la complacencia y el apoyo generalizado de la mayoría de pueblo. La acción política del peronismo había  corroído la imagen democrática colonial desarrollada por los libertadores del 55. A diferencia del mayo francés que resolvería su conflicto dentro del sistema político, en la Argentina la unidad entre los jóvenes de clase media burguesa y los trabajadores se daría en una acción combativa contra una dictadura que comenzaba a retirarse, derrotada por la política de aislamiento que le tendía Perón.

Habían sido doce años de indignidad que generaron en  la nuevas generaciones un rechazo visceral a la formalidad colonial del sistema político institucional que imperaba en el país. Se sumaba a esta situación la falta de acciones tácticas por parte de las dirigencias políticas en el propio Movimiento Nacional. Varias capas dirigenciales habían pasado desde 1955 y no se había podido consolidar una conducción del movimiento que sirviera de referente a esta nuevas generaciones. Su última maniobra táctica brillante: las tomas fabriles protagonizadas por millones de trabajadores, se había diluido ante la actitud claudicante de una dirigencia gremial que intentó capitalizar ese hecho para  poner en marcha un proyecto político alternativo al de Perón.

Ante esto, la rebeldía juvenil -en plena efervescencia -, se encontraba ante un amplio espacio político para actuar, con el apoyo multitudinario de la población asqueada de doce años de indignidad política y sin referentes nacionales donde acudir para sus actitudes insurreccionales. Esto generaría un ambiente revolucionario que permitiría la más amplia expectativa de desarrollo de sus rebeldías que estallarían en las manifestaciones populares del Cordobazo, el Viborazo y el Rosariazo. Estos jóvenes se vieron repentinamente al frente de una insurrección popular que se derramaba por todo el país sin conducción, producto de la permanente defección de las dirigencias peronistas que sin comprender la visión estratégica de su líder, se desviaban tentándose con objetivos personales alternativos. El inusitado crecimiento de su organizaciones y los amplios espacios políticos sobre los que avanzaba pondrían a prueba su falta de experiencia y darían lugar al peligro del infantilismo político propio de su juventud.

De nuevo en la patria

En la primer semana de 1972 Perón publica una solicitada en los diarios del país donde anuncia al pueblo su regreso el 17 de noviembre de 1972. La inminencia del regreso resulta conmocionante. El 9 de Noviembre, Rodolfo Galimberti convoca a la juventud a concurrir masivamente a Ezeiza a dar la bienvenida a Perón: “El que tenga piedras que lleve piedras, el que tenga algo más que lleve algo más”, dice.

Perón regresaba para consumar su cerco político y poner en marcha el frente de fuerzas sociales, económicas y politicas que aislarían la dictadura militar, accederían al gobierno y pondrían en marcha la reconstrucción del país. Era lógico que sus enemigos intentaran impedirlo. En sus filas había distintas posturas donde se expresaban desde las dialoguistas que habían comprendido que era hora de retirarse en orden, y hasta los que todavían abrigaban la esperanza de eliminar a Perón de cualquier forma.

Perón conocía los riesgos de su viaje y los peligros que había sobre su vida. Sus dirigencias tradicionales se encontraban en pleno proceso de recambio (cuando no!), las filas sindicales todavía se encontraban digiriendo la enorme claudicación del vandorismo y el participacionismo de Coria y la nueva dirigencia gremial con Ignacio Rucci a la cabeza no tenía todavía un peso decisivo. En las filas partidarias continuaba el desfile de Comandos Tácticos y delegados que caían como fusibles viejos, y las nuevas generaciones todavía no habían brindado una estructura de dirigentes representativos ni estables.

Pero como siempre, Perón contaba con su pueblo, que había resistido heroicamente todas las maniobras de proscripción y represión. Sin dirigentes nacionales que los representaran se expresaban como una ola de insurrección permanente e inmanejable para los enemigos de la nación. Además, se sumaban a los trabajadores las nuevas generaciones de clase media que comenzaba a demostrar su coraje y su valor. A ellos apelaría Perón para romper el cerco gorila que sus enemigos emplazarían en Ezeiza, para intentar controlarlo y algunos de ellos para asesinarlo si podían.

Ante el llamado del líder su pueblo se movilizó hacia Ezeiza en un día gris y lluvioso. Miles de militantes anónimos comenzaron a rodear al aeropuerto sitiado por el ejército que había desplegado a miles de soldados y tanques. A pesar de la gran cantidad de efectivos de seguridad  afectados al operativo, se hace difícil impedir el paso de las columnas de militantes que se acercaban. Ni las armas ni la lluvia alcanzanzaron para persuadir a la gente. Al cerco militar a Perón, el pueblo respondió con un cerco popular. Si algo le pasaba al líder la dictadura debería enfrentar una insurrección indescriptible.

Recién en la madrugada del Sábado 18 podrá Perón abandonar Ezeiza, para trasladarse a la residencia adquirida por el Movimiento, en la calle Gaspar Campos, de Vicente López. Circularán inciertos rumores, acerca de que sectores de las Fuerzas Armadas atentarán allí contra la vida del ex presidente. Los vuelos rasantes de los aviones navales en las proximidades de la residencia, traerán inquietantes recuerdos de un pasado que, por momentos, parecerá singularmente próximo.

Pero por la mañana, el sol que comienza a abrirse paso tras la lluvia y las vocingleras columnas juveniles que vienen a saludar a Perón, parecen disipar los temores. Sin embargo el pueblo cercará la casa de Gaspar Campos para garantizar que nada pueda intentarse contra el hombre que, tras diecisiete años de ausencia, está de nuevo en su patria.

17 de noviembre de 1972

De nuevo en la patria

Militancia y organización

Contenido:

1. Una larga partida de ajedrez
2. Lanusse pierde la paciencia
3. Los hechos de Trelew
3. De nuevo en la patria

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Entrar con animación multimedia

Video-homenaje a Evita y Perón.

Música de Hugo del Carril

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Néstor Kirchner

27 oct
2011

2010 – Octubre – 2011

“Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman,

pero otros fuegos arden la vida con tantas ganas que no se

pueden mirar sin parpadear y quien se acerca se enciende.

Néstor Kirchner fue uno de esos fuegos y será dificil apagarlo.”

Eduardo Galeano

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