¡Honremos a Juan Perón! ( I ) La convocatoria a un nuevo Pacto Social

¡Honremos a Juan Perón! ( I )

La convocatoria a un nuevo Pacto Social

«En este lugar Perón llamó a un pacto social, en tiempos en que la Argentina estaba en crisis y necesitaba del acuerdo de todos los argentinos. El mandato de Perón está más presente que nunca: para un argentino no hay nada mejor que otro argentino»
«Vamos a honrar la memoria de Perón y vamos a volver a llamar a los que producen y trabajan y se van a sentar con el Estado a diseñar las políticas del futuro. No solamente a hacer un acuerdo de precios y salarios, sino a diseñar el futuro que la Argentina necesita y vamos a hacerlo entre todos. Son políticas que van a perdurar más allá de mi mandato»
«El movimiento obrero organizado es parte del Gobierno que se va a instalar en la Argentina el 10 de diciembre»
«No es un acuerdo político, nunca lo hemos hablado. Es la convicción que siempre tuvimos: que al país lo arreglamos entre todos, trabajando juntos y los que trabajan son la piedra angular de esta sociedad».

Alberto Fernández en la CGT, 8 noviembre de 2019

La consigna y la referencia es muy clara.

Auspiciosamente el presidente electo Alberto Fernández propone recuperar el sendero trazado por Juan Perón en el Modelo Argentino, convocando a las instituciones sociales políticas y económicas a definir los planes fundamentales de la Nación con una perspectiva que trasciende los tiempos electorales.

La propuesta nos seduce y alienta a trabajar y comprometer nuestro mayor esfuerzo para lograr su concreción y puesta en marcha.

Estos son tiempos de apertura, de diálogo, de amplitud, porque las urgencias son muchas. Pero en esa amplitud la militancia del peronismo tiene como siempre la responsabilidad por su compromiso revolucionario de garantizar con su mística el sostén del proceso en el largo plazo. La convocatoria del presidente es clara, pero en el conglomerado de expresiones políticas que componen al Frente de Todos hay variadas interpretaciones sobre los Pactos Sociales.

Hoy el espíritu de dejar atrás la meritocracia macrista nos involucra a todos en el esfuerzo, pero para afianzarla en el tiempo será necesario debatir sobre el sentido estratégico de esta convocatoria. El presente documento intenta abrir el debate en ese sentido. Sabemos que caerá sobre el peronismo la responsabilidad última para que este intento fructifique ya que eso dependerá de que el esfuerzo se acompañe con la convicción de que se está construyendo una nueva forma de democracia popular y participativa.

1. Reconstrucción y liberación

Hay que separar dos momentos políticos concretos. Lo primero es una urgencia para dejar atrás el campo arrasado que deja el Macrismo poniendo un límite al derrumbe socio-económico generando un plan de emergencia y reconstrucción del país para evitar la disolución social.

El espíritu de unidad que permitió el triunfo y el regreso será el empuje fundamental para sortear este primer tramo y lograr una mínima estabilidad que permita al encarar el segundo paso: el de un acuerdo fundamental que debemos trazar entre los argentinos dejando atrás el enfrentamiento y la disociación electoralista acrecentada por el liberalismo de country. Esta segunda instancia requerirá de un esfuerzo militante del Movimiento Nacional ya que la institucionalidad liberal tiene una funcionalidad contraria a esa nueva forma de participación política y diluirá el empuje inicial. Solo una interpretación que incluya estos acuerdos como una nueva forma de participación ciudadana generando un ámbito de dialogo que reconstruya la confianza de la comunidad, podrá desarrollar el poder político para sustentarse en el tiempo.

Históricamente el peronismo tuvo que reconstruir el campo arrasado por gobiernos coloniales para poder poner en marcha sus políticas de liberación. El Primer Plan Quinquenal fue un plan de recuperación económica que junto con las acciones de ayuda social de la Fundación Eva Perón pusieron un piso a la degradación humana de la Década Infame. El pacto social de 1973 fue presentado por el mismo Perón como un gobierno de emergencia hasta lograr un basamento mínimo de cohesión social que permitiera el desarrollo pleno del Plan Trienal.

Hoy nuevamente debemos reconstruir una Argentina arrasada por las políticas neoliberales. Pero la peor herencia es el espíritu de enfrentamiento interno de la comunidad acicateado por las nuevas herramientas de dominación colonial lanzadas desde el espíritu individualista del liberalismo, instalado a sangre y fuego por la dictadura militar luego de la muerte del Gral. Perón y continuado inercialmente por las democracias coloniales y sus economías liberales hasta el estallido de año 2001. Son décadas de construcción de un espíritu egoísta, sin compromiso social y especialmente sin espíritu de solidaridad entre argentinos. El surgimiento de la aberración Macrista no es el resultante de un episodio coyuntural sino el resultado de años de construcción de una indiferencia ciudadana alentada en forma indirecta por una forma de representación democrática fosilizada.

1.1 Electoralismo o solidaridad nacional

La situación en latinoamérica demuestra los efectos devastadores de las democracias demoliberales y su electoralismo, que impide la maduración colectiva de la comunidad y que sirve de instrumento para la división y la disociación social. Una forma de participación ciudadana que impide la maduración de la cultura social acotando la participación a la elección de representantes y fomentando una relación materialista e indiferente. Sobre esos pueblos inmaduros políticamente, sin posibilidad de crecimiento de su cultura social, bombardeados desde hace décadas con los discursos individualistas y compartimentados institucionalmente, caen hoy las formas de manipulación social de los grandes medios de comunicación y sus corporaciones “amigas” generando polarizaciones disociativas.

El electoralismo divide a la comunidad que se encolumna pendularmente detrás de dos polos de aglutinamiento. Por un lado los movimientos progresistas que intentan la liberación de sus patrias pero que no logran romper con el marco participativo del demoliberalismo provocando procesos de vanguardización política y sectorización. Esto congela el proceso de unificación social y genera una polarización que es aprovechada por un nuevo populismo conservador de derecha para profundizar el enfrentamiento interno y dar rienda suelta a toda su potencia corporativa para retomar el poder.

Este círculo vicioso del demoliberalismo ha demostrado su efectividad en el camino de impedir el aumento de la confianza ciudadana y ha alimentado la división en las comunidades. Si bien se puede obtener una mayoría coyuntural la forma de participación demoliberal impide el crecimiento de una Unidad Nacional que incluya al conjunto de las instituciones intermedias de la república y al ciudadano común.

La importancia del lanzamiento del presidente electo se inscribe en la necesidad de poner en marcha un acuerdo entre todos los sectores responsables de nuestra comunidad y debe plantearse como parte de una nueva forma de representación ciudadana para impedir que el esfuerzo se vea reducido a adosar al sistema demoliberal un ámbito de participación lateral y de funciones absolutamente decorativas.

1.2 De los Consejos Socioeconómicos y Pactos Sociales a la Autodeterminación Popular

Vemos que las primeras reacciones de las usinas “republicanas” sobre el pacto propuesto por Alberto Fernández rememoran los fracasos de los anteriores intentos de quienes quisieron implementarlos.

Debemos en este caso diferenciar los Pactos Sociales implementados por razones espúreas como los Consejos Socio Económicos lanzados por las dictaduras militares para mantener una falsa imagen de participación democrática, o los pactos implementados por las democracias coloniales manteniendo las formas participativas de la democracia liberal como el caso de Alfonsín con el Plan Primavera (1988), y seis años después el Acuerdo Marco/Acta de Coincidencias de Carlos Menem(1994-1998) que fracasaron justamente porque fueron acompañados por estructuras políticas anquilosadas y sin una dinámica fundacional que provoque la mística y compromiso requerido para mantener e institucionalizar este tipo de acuerdo. Sostener un pacto de esta naturaleza como aleatorio de una institucionalidad política colonial que se está prendiendo fuego en el mundo y especialmente en latino américa no parece ser el camino más adecuado.

Los pactos sociales propuestos por el peronismo en cambio siempre se presentaron acompañados por el intento de motorizar una nueva democracia. La constitución de los Consejos socio económicos a partir de 1950, así como también las reformas constitucionales del Chaco y La Pampa y el congreso de la Productividad de 1955 fueron propuestas que se enmarcaban en el sendero trazado en La Comunidad Organizada e impulsada con el lanzamiento del Segundo Plan Quinquenal y el llamamiento a las Organizaciones Libres del Pueblo a delinear los planes fundamentales de la Nación. Este intento fue brutalmente abortado por la revolución fusiladora de 1955.

Luego de 18 años de exilio el Gral. Perón retornaría a su patria e impulsaría un nuevo acuerdo: el Acta de Compromiso Nacional (1973-1975) acompañada de la planificación del Plan Trienal y el llamamiento a una nueva forma de democracia planteado en El Modelo Argentino. Este último intento fracasaría por el vacío de poder y la acefalía en la conducción política del Movimiento Nacional provocada por la muerte del Gral. Perón y la venganza criminal desplegada posteriormente por el Golpe militar de 1976.

La propuesta de los Consejos para poder romper la inercia meritocrática del macrismo es fundamental. En un inicio el planteo se sostendrá por el pánico generado en grandes sectores de nuestra comunidad ante el peligro de disolución nacional por las políticas neoliberales del macrismo. El temor al precipicio dotará de un sostén político inicial al proceso pero no lo mantendrá en el tiempo porque la funcionalidad de las instituciones demoliberales y los futuros procesos electorales generarán una atonía desmovilizadora.

Por eso es importante que el Movimiento Nacional reasuma la responsabilidad de sostener el lanzamiento como parte de una convocatoria para poner en marcha una nueva democracia y generar el espíritu fundacional necesario que impulse el compromiso creativo de las organizaciones intermedias participantes y que diluya el espíritu sectorial en función de poner en marcha un desarrollo sustentable para liberar la Nación. Solo la convicción de estar creando una nueva República dotará al proceso de la inercia necesaria para romper la actitud especulativa sectorial y partidocrática que tarde o temprano surgirá si no se presenta una alternativa a la construcción del poder político del electoralismo.

1.3 Construcción común o ideologismo

“…La configuración política de esta comunidad organizada implica la creación de un sistema de instituciones políticas y sociales que garanticen la presencia del pueblo en la elaboración de las decisiones y en el cumplimiento de las mismas.”

Juan Perón, El Modelo Argentino

Cuando hablamos de una nueva democracia nos referimos a una nueva forma de hacer política. Normalmente “lo político” hoy se ordena desde lo ideológico, desde un marco racional que define posturas y posiciones que luego se enfrentan a disputar el poder y desde el gobierno imponer su interpretación. De esa manera se genera una relación unidireccional con el ciudadano, quien tiene la potestad de su voto para elegir la postura que le parece correcta.

El planteo del peronismo es distinto. Le concede al pueblo y sus instituciones políticas no solamente la posibilidad del voto ciudadano sino que lo hace protagonista de la búsqueda de las soluciones fundamentales de la Nación. Solamente de esa forma se puede lograr la maduración de la cultura social de la comunidad. Juan Perón comprendió que las formas de dominación futuras serían culturales y que los procesos de participación política deberían provocar un crecimiento de la cultura política de la comunidad para ser efectivos. Un proceso anticolonialista hoy, necesita desarrollar un proceso de solidaridades crecientes que pueda generar la unidad nacional indispensable para aumentar el consenso ciudadano. El aumento de la confianza ciudadana es lo único que puede elevar el poder del Estado para conducir airosamente la inestabilidad social que provoca la puesta en marcha de un proceso de desarrollo independiente.

Solo la maduración colectiva de la Comunidad, sus instituciones y sus dirigencias en una acción mancomunada, pueden enfrentar las nuevas armas del colonialismo que apuntan a la disociación social por medios de la penetración cultural de sus armas de comunicación masivas y centros de poder corporativo. El peronismo promueve la organización política de la comunidad para que en una acción de construcción común genere la identidad cultural que la exprese como Nación. Es la acción constructiva del pueblo empujada por la solidaridad social que busca la libertad y la justicia para todos, lo que irá definiendo la identidad ideológica de la nueva Argentina. No será algo preelaborado desde un racionalismo ilustrado, sino la construcción concreta lo que defina la futura fisonomía de nuestra comunidad. La “política” para el peronismo es toma de compromiso y solidaridad social. Es acción concreta, es construcción común.

2. La organización popular

Ahora bien, una autodeterminación popular como la que plantea el Modelo Argentino no se pondrá en marcha impulsada solamente con la creación de los Consejos. Se debe acompañar por un cambio en la filosofía de la acción política llevada a delante por todas las dirigencias políticas y sociales del país que permita incluir en el proceso al pueblo en su conjunto. Se debe transmitir que la política es una acción que no descansa solamente en los representantes elegidos por el pueblo sino que estos deberían ser los coordinadores de un esfuerzo común que incluye a la comunidad toda.

Ya no basta el lazo electoral entre el votante y su representante detrás de una plataforma de acción prediseñada o una ideología. La velocidad de los sucesos políticos y económicos del mundo de hoy necesitan respuestas inmediatas y permanentes. Por otro lado estamos inmersos en medio de una revolución cultural sin precedentes que multiplica su complejidad en términos geométricos, exigiendo pueblos y dirigentes cada vez más capaces y responsables para dar respuestas eficaces. Todo esto excede largamente la institucionalidad construida detrás de las representaciones liberales con instituciones estáticas que generan caciquismos “vedettistas” y ciudadanos descomprometidos e infantilizados.

La participación ciudadana debe tener un compromiso y acción que obligue al aumento de la cultura social y genere unidad ciudadana y maduración colectiva de las dirigencias y del propio pueblo. Para el peronismo esta acción de participación dinámica solo puede ser puesta en marcha ordenando la potencia creativa del conjunto. Se debe transformar al ámbito de creación comunitaria en el poder mismo. Quizás esta acción constructiva sea más sencilla de vislumbrar en las organizaciones intermedias, porque son la representación de intereses concretos que pueden ser visibilizados. Sin embargo toda la Nación en su conjunto, es decir pueblo, organizaciones intermedias y gobierno deben estar consustanciados mancomunadamente en el proceso de autodeterminación popular.

2.1 Las Tres Banderas

Lanzar a un pueblo al sendero de la autodeterminación no es algo sencillo. La comunidad debe sentirse capaz de realizarlo y para eso el espíritu individualista debe ser reemplazado por el de la solidaridad social. En estos días de retorno del Movimiento Nacional al gobierno se nota con claridad este espíritu y esa esperanza. El discurso del presidente electo en ese sentido pone el acento en la dirección correcta.
Ahora bien, para que un pueblo se anime a construir su destino necesita de estímulos y ejemplos concretos que serán responsabilidad de una nueva dirigencia que abra el camino. Lo primero a lograr es imponer el pensamiento de que no nos movemos detrás de fórmulas o ideas preelaboradas o plataformas. También debemos desterrar la idea de que las acciones dependen de una dirigencia profesional. Juan Perón brindaba las herramientas necesarias para ordenar una nueva forma de identidad ideológica y de construcción de autoridad política.

Para que la acción autodeterminante de la comunidad no cayera en un asambleísmo disociante o una vanguardismo sectorizante proponía ordenar la creatividad popular con una unidad de concepción común como punto de partida. Perón sostenía que si ordenábamos nuestras fuerzas espirituales en base a simples principios comunes se podría poner en marcha un multitudinario proceso de creatividad social que involucrara al pueblo a las instituciones intermedias y sus dirigencias.
Este era el gran aporte de la revolución justicialista a su pueblo: la interpretación y síntesis de décadas de lucha anticolonialista realizada por el Gral. Perón y plasmada en tres grandes principios rectores: la justicia social, la independencia económica y la soberanía política. Esto que durante décadas se criticó como una imposición partidocrática o ideológica, es en realidad la herramienta trascendental que ofrece el Movimiento Nacional a toda la Argentina para poner en marcha una autodeterminación política que nos libere definitivamente.

La unidad conceptual genera la unidad del proceso creativo y también de la nueva autoridad con su pueblo. En un proceso autodeterminante un dirigente debe transparentar los principios que va a aplicar a todos los problemas que su administración va a enfrentar. Si el pueblo conoce y comparte sus principios y los ve como propios, podrá también participar en el lugar donde le toca generándose la unidad en la acción.
Por eso el líder y Evita transparentaban permanentemente ante su pueblo los principios que iban a regir su acción política. Porque de eso se trata la Doctrina Nacional de ponerse de acuerdo en los valores ordenadores de la autodeterminación común. Cuando Perón inscribe las Tres Banderas en el preámbulo de la Constitución de 1949, provocando la indignación de la Argentina liberal que lo veía como una imposición partidocrática, en realidad estaba generando las bases de sustentación de una nueva forma democrática popular. Estaba cimentando una unidad conceptual para poner en marcha una nueva forma de participación ciudadana, donde el proceso de construcción de la patria no dependía de un Partido político o un equipo ministerial sino de una acción colectiva ordenada detrás de principios comunes que incluían al pueblo, sus instituciones y sus dirigentes.

2.2 Un nuevo concepto de dirigente

Los peronistas en el gobierno le decimos a nuestro pueblo que hagamos lo que hagamos nunca iremos contra de los principios comunes que nos ordenan. Pero también significa que detrás de los tres grandes principios podemos hacer lo que querramos porque el ordenamiento doctrinario solo sirve para sintetizar en términos históricos los esfuerzos de la Nación y no empezar las discusiones siempre de cero en un eterno recomenzar. No discutimos lo que ya hemos comprobado que funciona bien.

Esta acción de concientización ciudadana debe ser desarrollada por un nuevo concepto de dirigente. Se debe predicar con el ejemplo y lo primero es acatar humildemente los principios doctrinarios que son comunes a todos. Es la única forma de romper con el espíritu individualista del dirigente liberal que se presenta como salvador de la patria imbuido de un caciquismo electoral. Si realmente estamos comprometidos con la autodeterminación, los dirigentes debemos dar ejemplo explicando que también estamos trazados y determinados por los principios doctrinarios que surgen del pueblo. Porque la gente esta cansada, como decía Perón, de los reformadores que plantean los cambios para los demás y no se incluyen a ellos mismos. Las comunidades también están agotadas que todos los esfuerzos de participación comunitaria, como consejos socioeconómicos, presupuestos participativos, consultas populares, referéndums, timbreos, etc, terminen siendo pasto de las roscas electorales y que dejen al pueblo con la sensación de haber sido usados para esos fines.

El peronismo debe poner en marcha un nuevo concepto de dirigente que en la nueva democracia que queremos construir se debe ofrecer como administrador, como coordinador y como el mejor articulador de lo que la comunidad quiere. Se siente unido a ella porque comparte los principios comunes y esa unidad le permite desarrollar la dinámica de la conducción política, donde el dirigente y su pueblo están unidos en una misma acción creativa y lo que diferencia las responsabilidades entre la autoridad y el pueblo, es la habilidad en la articulación de lo que todos quieren y desean.

2.3 Recuperar el sentido revolucionario de la doctrina

En la etapa de las democracias coloniales las dirigencias peronistas no solamente liberalizaron al Movimiento Nacional elevando sus aristas partidocráticas, sino que transformaron a la doctrina en un dogma plastificado al servicio de un caciquismo “nacional y popular”. Así surgió un “adoctrinamiento” que en nombre del justicialismo acompañó el desmantelamiento del Estado de Bienestar y la desindustrialización del país. Triste pero real.
Hoy debemos recuperar el sentido revolucionario de la Doctrina Justicialista para ponerla al servicio de las nuevas formas de participación democrática. Como los mandamientos cristianos que sirven como unidad conceptual a las comunidades de occidente, los peronistas debemos transmitir nuestras banderas históricas como basamento conceptual de la nueva democracia popular.

Respetando esto sencillos principios podremos dar rienda a nuestra creatividad y responsabilidad para construir nuestro futuro. El mismo no está predefinido y la doctrina lo único que garantiza es una creatividad con identidad anticolonialista, es decir pone un cauce, una dirección al esfuerzo popular, pero la identidad real son los planes construidos diariamente por el esfuerzo del pueblo en su devenir histórico.

¿Qué forma tendrá esta construcción comunitaria?

No lo sabemos, porque existe hoy un nuevo derecho individual y colectivo: el de brindarle al ciudadano la posibilidad de crear su destino. Ningún dirigente o grupo político puede arrogarse el derecho de imponerle al pueblo las formas que deberán tomar sus futuras comunidades.

Una dirigencia y un pueblo unido conceptualmente y en acción permitirán poner en marcha una política de conducción que desde el Estado promueva las transformaciones fundamentales para dejar atrás la situación colonial. Esa nueva dinámica en la representación ciudadana será el marco adecuado para una renovada armonía entre el Estado y las organizaciones sociales, revitalizando y potenciando todos juntos: pueblo, organizaciones intermedias y gobierno, la confianza comunitaria como sostén de un proceso de desarrollo permanente.

3. El Consejo para el Proyecto Nacional y las organizaciones intermedias

El consejo para el Proyecto Nacional fue propuesto por el general Perón en su discurso del 1 de mayo de 1974 frente al Congreso de la Nación. Su propuesta fue consolidada por el texto del Modelo Argentino y también por el borrador de la Constitución Justicialista de 1974. El Consejo por su funcionalidad no era un ámbito anexado a las áreas de decisión clásicas del demoliberalismo sino que promovía un nuevo concepto de institucionalidad política.

Los pactos sociales desde el liberalismo se presentan con un acto de generosidad o debilidad del gobierno electo que permite la participación en determinadas cuestiones de carácter coyuntural. El planteo de Perón es que en realidad la Argentina necesita un plan fundacional de país y que el mismo debía ser elaborado con una nueva forma de participación congruente a las potencialidades culturales del hombre de hoy y que incluya al conjunto de las fuerzas políticas, las instituciones intermedias y el pueblo.

La propuesta del justicialismo es una concepción que no depende de un partidismo o ideología determinada sino que es un acuerdo fundacional de una comunidad que excede ampliamente el plano electoralista. El acuerdo propuesto por el peronismo era para poner marcha una nueva democracia donde las decisiones fundamentales debían ser creadas por la comunidad, su gobierno y sus instituciones más representativas. Brindaba además las herramientas para que ese acto fundacional mantenga una dinámica creativa permanente, transformándose en una nueva forma de representación política.

“…La sociedad que nuestro Modelo define no será, en modo alguno, estática. Debe movilizarse a través de un proceso permanente y creativo que implique que la versión definitiva de ese Modelo sólo puede ser conformada por el cuerpo social en conjunto. La autonomía y madurez de nuestra sociedad deberá evidenciarse, en este caso, en su vocación de autorregulación y actualización constante…”

Juan Perón, El Modelo Argentino


Si bien hay una acción fundacional, un comienzo concreto que requerirá de nuevas definiciones e interpretaciones para poner en marcha el proceso, las nuevas instituciones políticas deberán estar adaptadas a una dinámica permanente y en evolución constante. El proceso autodeterminante obligará a desprenderse de cualquier formato ideológico que intente preelaborar o definir el proceso de antemano y obliga a la objetividad más absoluta en la funcionalidad institucional. Es en realidad una nueva democracia.

3.1 Creación, conducción y administración

En la nueva forma de representatividad política propuesta, Perón separa dos instancias, los ámbitos encargados de la creación y definición de los planes estratégicos de la Nación y luego la administración y ejecución de esas decisiones. Estos nuevos parámetros de funcionamiento provocan la necesidad de nuevos ámbitos institucionales que la democracia liberal no cuenta. Por eso plantea Perón la creación de el Consejo para el Proyecto Nacional que se superpone a la antigua institucionalidad liberal que pasa a tener una relación de dependencia de esta superestructura de acción ejecutiva, conducida por el presidente elegido por el voto popular. En este ámbito trabajan en un plano de creación de políticas de Estado estratégicas todos los referentes políticos y sociales del país. Los gremios y las fuerzas políticas.


“En la tarea política del país, al más alto nivel, intervienen dos instancias: la conducción política y la político-administrativa. La primera atiende a la estructura del poder, y la segunda, a la administración del país, en general, además de la administración del gobierno en particular.”

“…El principio orgánico reside en disponer: unidad de concepción, conducción centralizada y ejecución descentralizada.

Los niveles en los cuales se trabaja son, en términos generales: la conducción superior del Estado, las entidades intermedias y el pueblo en el ámbito ciudadano.

Dentro de este esquema hace falta una fisonomía para las instituciones de conducción. Ella debe responder a la tarea que estas instituciones deben realizar.

Tres son las grandes tareas: planeamiento de lo que ha de hacerse, ejecución concreta, control y reajuste del proceso.

El planeamiento debe realizarse: para el largo plazo (varias décadas hacia el futuro); para el mediano plazo (el número de años que dura un gobierno) y para el corto plazo (un año).
El largo plazo requiere la definición de las cualidades de la sociedad que se visualiza para el futuro y la identificación de estrategias globales para alcanzarla. Tal tarea requiere la constitución de un organismo específico al cual el pueblo contribuya, a través de los mecanismos con los que cuenta y en los ámbitos que conoce. Esta entidad puede ser el Consejo para el Proyecto Nacional, a integrarse con todos los elementos representativos de la comunidad.
El planeamiento para el mediano plazo requiere ser realizado, básicamente, por el Poder Ejecutivo, con la participación correspondiente del Congreso.

El planeamiento del corto plazo, así como la ejecución, corresponde, básicamente, al equipo ministerial, salvo en las materias que hagan necesaria la intervención del Congreso a los propósitos del control superior.


Juan Perón, El Modelo Argentino


En los procesos autodeterminantes se pone en marcha una nueva articulación que termina con la dinámica vertical unidireccional del demoliberalismo y además rompe con la exclusividad de la acción ejecutiva de gobierno que en el liberalismo esta en manos del partido o frente elegido por el voto popular.
El ámbito que Perón define como de Conducción Superior del Estado, está bajo la responsabilidad directa del Presidente elegido por el pueblo, pero por su perspectiva que excede largamente los tiempos electorales permite incorporar a todas las fuerzas políticas, sociales y económicas de la Nación.

3.2 El borrador de la Constitución justicialista de 1974 y el Consejo de Concertación Social

Las nuevas formas participativas extensamente explicadas en El Modelo Argentino serían nuevamente reafirmadas en el borrador de la Constitución Justicialista que Perón haría redactar al mismo equipo que lo acompañó en la redacción del modelo y que debía ser utilizado como referencia para el debate de la reforma Constitucional que se propondría.


“…La Nación Argentina es una comunidad organizada sobre la base de una democracia integrada que asegura a sus habitantes la plena vigencia de la justicia social. Se entiende por democracia integrada el sistema de gobierno que, a través de la forma representativa, republicana y federal, garantiza la participación plena y pluralista del pueblo a través de sus organizaciones naturales.”

“La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa, republicana, federal y social, dentro de una democracia integrada, según lo establece la presente Constitución. Se entiende por democracia integrada el sistema de gobierno que garantiza la participación plena y pluralista del pueblo a través de sus organizaciones naturales.”

“Entendemos por democracia integrada el régimen que posibilitará a la República pasar de la sociedad del “silencio” a la democracia de participación plena, con profundo sentido de justicia social, tal como lo señalara el Presidente de la Nación.

Los partidos políticos y los gremios son organizaciones naturales del pueblo. Los partidos políticos manifiestan su voluntad a través del sufragio y los gremios a través de su participación en los órganos que expresamente determina esta Constitución. El pluralismo político y la unidad sindical son los principios básicos sobre los cuales se asienta la organización institucional de la República. El Estado no reconocerá a aquellas organizaciones políticas gremiales o sindicales- nacionales o internacionales, cualesquiera sean sus fines, que sustenten principios opuestos a las libertades individuales reconocidas en esta Constitución o atentatorias al sistema de democracia integrada socialmente en ella establecida. Los partidos políticos y los gremios sólo podrán ser disueltos cuando incurran en algunas de las causales citadas precedentemente.

“Los primeros a través del pluralismo político expresan su voluntad por medio del sufragio universal, obligatorio y secreto. Los segundos participarán en la consulta constitucional a través de los órganos que se determinan expresamente en este aporte.

El sentido de esta reforma significa que la Constitución reconoce elementos ínsitos en la vida de la Nación: el pluralismo político y la unidad sindical, sobre los cuales se asienta la actual organización institucional de la República.

El órgano mediante el cual habrán de expresarse los gremios es el Consejo de Concertación Social en el que estarán representadas las organizaciones de las fuerzas productivas que cuenten con personería jurídica. La misión será consultiva, pero el Estado deberá recurrir a ellas toda vez que deban estudiarse normas relacionadas con el progreso económico-social de la República, sin estar obligado a prestar conformidad a lo que el Consejo produzca.”


Borrador de la Constitución Justicialista de 1974

Conclusión

El movimiento nacional debe profundizar su sentido de predicación política impulsando y sosteniendo la propuesta lanzada por Alberto Fernández y Cristina Kirchner y que cuenta con el apoyo de trabajadores, empresarios y amplios sectores sociales y económicos.

Debemos revertir el sentido sectorizante y disociante de las instituciones clásicas del liberalismo señalando la importancia de los Pactos Sociales, Consejos socio económicos y otros organismos similares que permitan delinear nuevos ámbitos institucionales para poner en marcha la conducción estratégica de la comunidad.

Debemos impedir que estos esfuerzos terminen como aditamentos de las instituciones políticas liberales y tratar de transformarlos en los ámbitos de conducción política con la participación de todos los referentes políticos de la Nación. Esto nos obliga a pensar no en un acuerdo en respuesta a una crisis coyuntural sino en un acuerdo entre todos los argentinos para definir una nueva forma de participación ciudadana y como el nacimiento democracia renovada.

Los tiempos y los acentos serán definidos por las autoridades elegidas por el pueblo, pero la mística que debe sostener el esfuerzo solo podrá venir de la comprensión estratégica de interpretar estos nuevos ámbitos de participación como caminos para arribar a una Comunidad Organizada.

Las herramientas doctrinarias del peronismo están en función de poner en marcha esta nueva institucionalidad incorporando masivamente al pueblo al esfuerzo y son la garantía para que el intento no fracase ante los embates que seguramente recibirá de las fuerzas corporativas de la democracia colonial.

Poner en marcha el nuevo espíritu autodeterminante en el la comunidad argentina es la tarea del Movimiento Nacional. Debemos romper con el espíritu meritocrático del neoliberalismo impulsando la solidaridad social como herramienta fundamental para el reencuentro de los argentinos. Promovamos el diálogo y la creatividad común como eje fundamental de la nueva participación ciudadana sostenida por las banderas permanentes de Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política.

¡Pongamos la Argentina de Pie!

¡Patria sí colonia no!

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